En estos últimos meses se ha recrudecido el número de mujeres que han sido maltratadas y asesinadas por un hombre: un marido o un exmarido. Es decir, una persona de su entorno cercano y afectivo. Ante semejante situación, algunas voces feministas han dicho que se trata de un problema estructural. En efecto, estoy de acuerdo en que se trata de un problema estructural. ¿Qué significa que es un problema estructural? Voy a explicar qué quiere decir esto. La estructura a la que se refiere, es la estructura social que, no sólo no ha cambiado mucho, sino que, en los últimos tiempos, con el auge de las derechas y la ultraderecha neonazi, ha empeorado. Me refiero a la sociedad patriarcal y machista. La estructura de la sociedad patriarcal descansa en la afirmación y creencia de que los hombres son superiores a las mujeres, es decir, se trata de un supremacismo machista.

Desde el siglo XIX el movimiento feminista ha luchado contra ese supremacismo y ha intentado sustituirlo por una consideración igualitaria de los dos sexos. En España esa lucha por la igualdad se retrasó hasta los años setenta del Siglo XX por la imposibilidad de levantar la voz a favor de cualquier igualdad en la dictadura de Franco. Desde finales de los años 70 del S. XX, gracias al movimiento feminista, se han conseguido muchos y muy importantes logros, como el derecho a la educación, el derecho al trabajo remunerado, el derecho a abrir una cuenta bancaria, el derecho a la compraventa de propiedades inmobiliarias, el derecho a viajar solas, el derecho a votar en las elecciones, el derecho al divorcio, el derecho al aborto, etc. Y quedan por conseguir otras tantas, como el derecho a igual salario por el mismo trabajo, el derecho a la conciliación familiar y laboral, el derecho al cuidado compartido de hijos menores y padres mayores, el derecho a romper el techo de cristal de las desigualdades de consideración en el trabajo, y conseguir puestos directivos, etc.

Lo que no se ha conseguido en todo ese tiempo es cambiar la ideología que está detrás del patriarcado. Toda la simbología cultural contenida en la literatura, desde los cuentos infantiles hasta las novelas, los comics, el cine, la televisión, la radio, las series, las plataformas digitales, las canciones populares, los refranes y dichos populares, etc., responden al mismo esquema estructural del que hablaba al principio, salvo honrosas excepciones. Es decir, la supremacía del hombre sobre la mujer. Y la afirmación de que la tarea de la mujer es agradar y servir al hombre. Esta idea se repite en la historia del pensamiento desde Platón y Aristóteles hasta el pensamiento posmoderno, pasando por Rousseau, Kant, Hegel, Marx, Heidegger, etc. A pesar de ello, como he dicho, se han conseguido bastantes logros en cuanto a derechos de las mujeres se refiere.

Sin embargo, el maltrato y el asesinato de mujeres no ha cesado en ningún momento.

Por eso creo que es interesante preguntarnos ¿Qué es lo que falla? ¿Qué podemos hacer? Por supuesto que no hay una varita mágica que consiga acabar con esta lacra. Pero es interesante y necesario pensar en algún método de prevención. Cuando se habla de prevención se insiste en el papel que deben jugar la policía especializada, los jueces y los fiscales debidamente preparados para tal cometido. Así como las casas de acogida. Y eso se corea en todas las manifestaciones de repulsa de los asesinatos machistas. Y, no les quito razón. Creo que esos medios son necesarios para paliar una realidad de estructura machista, como la que estoy comentando, pero no es suficiente. Esos medios no pueden cambiar la realidad patriarcal que da origen al problema, sólo pueden paliarla. Aunque no creo que haya una solución única y definitiva, sí creo que hay un medio que podemos considerar nuclear y del que no se habla con suficiente insistencia. Me refiero a la educación, sentimental o emocional, igualitaria.

El sentimiento de supremacía masculina se aprende a través de todos los recursos de educación implícitos en esta sociedad, como citaba más arriba. Para cambiar el sentimiento de superioridad masculina por otro de igualdad intersexual, habrá que educar a los individuos al respecto. Ya sé que no se pueden cambiar todos los recursos culturales y sociales que envuelven a los sujetos desde que nacen, tales como, cuentos infantiles, películas, novelas, comics, canciones, series de plataformas, videojuegos, etc. Por desgracia eso no es posible. Pero sí es posible empezar por la educación emocional o sentimental desde la guardería infantil hasta el final de la formación educativa.

Hay que ensañar a las nuevas generaciones que el amor es un sentimiento de reconocimiento mutuo que no incluye el derecho de propiedad. Hay que ayudarles a sentir que amar no es poseer, que en ningún caso la mujer a quien uno ama tiene la obligación de servirle, que no tiene derecho a controlar a su pareja, ni a espiarla. que toda persona tiene derecho a la autonomía y a la privacidad. Que los celos no justifican ninguna clase de maltrato. Que toda persona tiene derecho a dejar de amar e incluso a empezar a amar a otra persona y eso no justifica ninguna clase de maltrato. Hay que enseñar que quien bien te quiere nunca te hará llorar. Hay que enseñar a las nuevas a generaciones a reflexionar, a sentir empatía, a amar bien.

Si les enseñamos a pensar de forma crítica, con estos valores igualitarios y de empatía hacia la pareja, al entrar en contacto con las formas culturales machistas, serán capaces de desmontar los mensajes desigualitarios y hacer una lectura crítica, sin tragarse esos mensajes machistas. Ya sé que es muy difícil. Pero creo que es urgente que todos los sujetos sociales con responsabilidad pública se pongan a la tarea. No basta con hacer un minuto de silencio delante de las Instituciones Públicas cuando asesinan a las mujeres. Ni basta con salir a la calle con las consignas habituales. Es necesario que convirtamos en un clamor social esta necesidad de educación y re-educación igualitaria. Hay que conseguir cambiar en el imaginario masculino la idea y el sentimiento de que la mujer ideal es la que se somete a sus deseos de forma sumisa. Hay que conseguir inculcar en el sentir masculino el respeto por la mujer que ama. Hay que sustituir la posesión por la libertad. El amor sólo es posible si es libre, el amor forzado no existe.

Por otra parte, hay que conseguir inculcar en el sentir masculino que las tareas de cuidado son comunes, no son femeninas, son humanas. Tanto las tareas domésticas, como el cuidado de los menores y de los mayores, así como el cuidado de los seres vulnerables de la familia, debe ser paritario. Hay que transmitirles que las emociones de cuidado y de empatía son muy necesarias, y pueden ser placenteras. 

Y toda esta tarea en unos momentos históricos especialmente difíciles por el auge de las ideas de la ultra derecha que van en la dirección opuesta a todo lo que he venido diciendo. Dichas ideas afirman que la misión de la mujer es ser esposa y madre a tiempo completo. Que la obligación de la mujer es agradar y servir a su marido y a los hijos.

Que su status social será el que tenga su marido. Que no tiene derecho a tener una vida propia. En resumidas cuentas, que dan por buenas las enseñanzas de la Sección Femenina transmitidas por Pilar Primo de Rivera.

Si no nos andamos con mucho ojo, todos los derechos ganados con sudor y lágrimas desde la transición de la dictadura hasta hoy, se irán al garete. Y el maltrato pasará a ser otra vez una cuestión privada de cada familia en la que no hay que meterse. Y el cabeza de familia decidirá por toda la familia, y la mujer volverá a necesitar la autorización del marido para todo.

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