
Hablar de Canarias es hablar de una tierra que ha sabido conservar, generación tras generación, un extraordinario patrimonio de costumbres, celebraciones, música, religiosidad popular y formas de convivencia. Las tradiciones canarias constituyen una parte esencial de la identidad de nuestra tierra y son el resultado de siglos de historia, del encuentro entre culturas y de la particular relación que el pueblo isleño ha mantenido con el mar, la tierra y su paisaje. Desde los antiguos pobladores de las islas hasta la sociedad actual, Canarias ha ido construyendo una cultura propia. Tras la incorporación de las islas a la Corona de Castilla, entre los siglos XV y XVI, llegaron influencias procedentes de la Península Ibérica y posteriormente de otros lugares de Europa y América. Todas ellas se mezclaron con elementos anteriores y dieron lugar a una cultura singular y propia.
La situación geográfica del archipiélago, situado entre Europa, África y América, convirtió a Canarias durante siglos en lugar de paso, encuentro y emigración. Los canarios que marcharon a Cuba, Venezuela, Puerto Rico o Uruguay llevaron consigo sus costumbres y, cuando regresaron, trajeron nuevas músicas, palabras, sabores y maneras de celebrar. De ahí que el folclore canario posea una riqueza extraordinaria y que en sus manifestaciones podamos encontrar ecos de diferentes pueblos y épocas.
Las fiestas tradicionales han sido uno de los principales espacios donde esa cultura se ha transmitido. Romerías, bailes, procesiones, encuentros de parrandas, luchadas, ferias de ganado, juegos tradicionales y celebraciones vinculadas a las cosechas han permitido que abuelos, padres, hijos y nietos compartan una misma herencia cultural.
En este calendario festivo, el final del verano y la llegada de septiembre poseen un significado especial.
Septiembre: cuando Canarias vuelve a encontrarse con sus raíces
Septiembre marca una transición. El verano comienza lentamente a despedirse y se aproxima el otoño. Aunque el clima de Canarias permite disfrutar de temperaturas agradables durante buena parte del año, tradicionalmente septiembre ha señalado también cambios importantes en las labores agrícolas y en la vida cotidiana de nuestro pueblo. Era tiempo de vendimia, de recogida de determinados productos del campo, de preparación para los meses siguientes y de reuniones familiares y vecinales. El calendario agrícola y el calendario religioso caminaban muchas veces unidos. Por eso, las fiestas de finales de agosto y septiembre tienen un sabor particular. Las plazas vuelven a llenarse de música, las agrupaciones folclóricas recuperan escenarios, las bandas acompañan las procesiones y las calles se convierten nuevamente en lugares de convivencia.
En Tenerife encontramos dos magníficos ejemplos de esa forma de entender la tradición: los Corazones de Tejina y las fiestas de El Socorro de Güímar. Son celebraciones diferentes, pero ambas muestran la capacidad de los pueblos canarios para mantener viva su historia. Los Corazones de Tejina: arte, identidad y sentimiento Colectivo. En el nordeste de Tenerife, dentro del municipio de San Cristóbal de La Laguna, se encuentra Tejina, una localidad que conserva una de las tradiciones más originales de Canarias: la Fiesta de los Corazones. Los Corazones de Tejina constituyen mucho más que una manifestación decorativa. Representan el trabajo colectivo, el sentimiento de pertenencia y la rivalidad amistosa entre los distintos núcleos históricos del pueblo. La celebración se encuentra vinculada a las fiestas en honor de San Bartolomé, patrón de Tejina, cuya festividad tiene lugar en agosto. Los protagonistas son tres grandes corazones elaborados por los barrios tradicionales de El Pico, Calle Arriba y Calle Abajo. Su construcción requiere muchas horas de trabajo y una extraordinaria participación vecinal. Sobre grandes estructuras con forma de corazón se colocan flores, frutas, ramas, tortas y otros elementos vegetales y decorativos. El resultado es una auténtica obra de arte popular.
Pero quizá lo más hermoso de esta tradición no sea únicamente contemplar los corazones terminados, si no conocer todo lo que ocurre antes de que lleguen a la plaza. Durante días, numerosos vecinos colaboran en su preparación. Unos aportan productos, otros trabajan en la decoración y otros transmiten a los jóvenes los conocimientos necesarios para continuar la tradición. Cada corazón y las parrandas folclóricas que los acompañan, representan el orgullo de su barrio. Cuando finalmente son llevados hasta la plaza, el pueblo entero participa en uno de los momentos más esperados del año. Música, folclore y coplas de piques, emoción, encuentro y tradición se mezclan alrededor de estas enormes estructuras.
Los Corazones de Tejina son también una demostración de cómo las sociedades tradicionales canarias entendían la fiesta: la celebración pertenecía a todos. No existía únicamente un espectador y un protagonista. El propio pueblo era el protagonista. Mantener los Corazones significa conservar una manera de relacionarse, trabajar juntos y sentirse parte de una comunidad. Por ello, esta celebración se ha convertido en uno de los grandes símbolos del patrimonio cultural y festivo de Tenerife.
El Socorro de Güímar: tradición junto al mar
Si Tejina nos habla del trabajo colectivo convertido en arte popular, Güímar nos conduce hacia otra de las grandes expresiones de la identidad canaria: la unión entre historia, devoción, camino y paisaje. Cada mes de septiembre, miles de personas participan en las fiestas de Nuestra Señora de El Socorro, una de las celebraciones tradicionales más importantes de Tenerife. Primera romería de Tenerife, venera a esta pequeña Virgen, con emoción parrandas. Uno de sus momentos centrales es la conocida Bajada de la Virgen de El Socorro, que se celebra tradicionalmente el 7 de septiembre. Los participantes acompañan la Imagen desde la zona de San Pedro, en Güímar, hasta el caserío costero de El Socorro. El camino se convierte entonces en una enorme manifestación popular. Familias enteras participan en el recorrido. Se escucha música de parrandas, se comparten alimentos y caldos para llevar el madrugón y; se producen encuentros entre personas que, año tras año, mantienen la costumbre de realizar la bajada.
La fiesta está profundamente relacionada con la tradición religiosa que sitúa en las costas de Güímar episodios vinculados a la aparición de la imagen de la Virgen de Candelaria antes de la conquista de Tenerife. La memoria de aquellos acontecimientos se conserva mediante representaciones y ceremonias tradicionales que recuerdan el encuentro entre los antiguos habitantes de la isla y la imagen mariana. Todo un lujo de tradición. El Socorro posee, por ello, un enorme valor simbólico. No es solamente una fiesta religiosa. Es también una celebración de la memoria colectiva.
El paisaje forma parte inseparable de la fiesta. El camino desde Güímar hacia la costa recuerda la antigua relación de los habitantes del valle con el territorio. Montaña, barranco, caminos y mar aparecen unidos en una celebración que cada año vuelve a reunir a generaciones diferentes. Al día siguiente, el 8 de septiembre, festividad de la Natividad de la Virgen, continúan los actos religiosos y populares antes del regreso de la imagen, con la tradición de “pares o nones”. Como sucede con tantas fiestas canarias, alrededor de la devoción aparecen también la música, la gastronomía y la convivencia. Una fiesta religiosa termina convirtiéndose en un enorme espacio de encuentro social, folclórico y familiar.

El otoño y la cultura tradicional
Con septiembre comienza también el tránsito hacia el otoño. Históricamente, esta época estuvo muy relacionada con la agricultura. En numerosos lugares de Canarias llega el tiempo de las vendimias. Las uvas recogidas durante semanas comienzan su transformación en vino y las bodegas recuperan una actividad que durante siglos fue fundamental para la economía isleña. El vino forma parte de la historia de Canarias. Desde los primeros siglos posteriores a la conquista, los vinos canarios alcanzaron una enorme reputación internacional. La vid transformó paisajes y generó costumbres que todavía sobreviven al tiempo y las modernidades.
Las vendimias siguen siendo motivo de encuentros, celebraciones y fiestas en numerosos municipios. Pero septiembre y el otoño significan igualmente el regreso a otras actividades culturales. Las agrupaciones folclóricas intensifican ensayos y actuaciones, aparecen encuentros de música tradicional y las fiestas de los pueblos continúan ofreciendo espacios donde escuchar isas, folías, malagueñas, seguidillas y otros géneros tradicionales, tan importantes en nuestra tierra. El folclore canario no puede entenderse solamente como música antigua. Es una cultura viva. Cada vez que un niño aprende sus primeros pasos de baile tradicional, cada vez que alguien comienza a tocar el timple, cada vez que una parranda interpreta una isa en una plaza, se está produciendo una transmisión cultural.
El folclore como memoria de Canarias
La música tradicional canaria posee una riqueza extraordinaria. El timple, el instrumento más representativo del archipiélago, comparte protagonismo con guitarras, laúdes, bandurrias, chácaras, tambores y otros instrumentos característicos de cada isla. Cada isla conserva además particularidades propias. En La Gomera, el silbo constituye una de las expresiones culturales más singulares del archipiélago. En El Hierro, los ritmos de tambores y pitos acompañan algunas de sus celebraciones más Importantes en las fiestas patronales y la Bajada de la Virgen. En La Palma, las fiestas de las Nieves que son populares y muy tradicionales.
Los bailes folclóricos y numerosas manifestaciones musicales forman parte esencial de la identidad insular. En Lanzarote y Fuerteventura, la cultura popular mantiene una profunda relación con un paisaje marcado por el esfuerzo de sus habitantes frente a condiciones naturales difíciles. En Gran Canaria y Tenerife, las romerías, parrandas, bailes y agrupaciones folclóricas continúan congregando a miles de personas en torno a unas fiestas con ese carácter pagano-religiosos. Y en La Graciosa, la relación con el mar constituye inevitablemente una parte esencial de su identidad musical y tradicional.

Canarias es rica y plural. Cada isla posee sus particularidades, pero todas comparten algo fundamental: el deseo de conservar aquello que las generaciones anteriores dejaron como herencia. Romerías, parrandas y encuentros. Las romerías constituyen otra de las grandes expresiones de la cultura tradicional canaria. Las carretas engalanadas, los trajes tradicionales, la música y los productos de la tierra crean una imagen que identifica inmediatamente a Canarias. Sin embargo, detrás de esa imagen existe algo mucho más profundo.
La romería representa históricamente el agradecimiento, la reunión de la comunidad y la celebración de los frutos obtenidos gracias al trabajo. Las parrandas cumplen también una función fundamental. Alrededor de una guitarra o de un timple se han transmitido durante generaciones canciones y letras e historias, que en muchas ocasiones fueron orales y nunca estuvieron escritas.
Se aprendían escuchando. Un abuelo enseñaba una copla. Un padre mostraba los acordes. Un vecino recordaba una antigua letra. Y así, casi sin darnos cuenta, la cultura llegaba hasta la siguiente generación. Esa transmisión oral constituye uno de los mayores tesoros del patrimonio canario.
Tradición y modernidad
Canarias ha cambiado profundamente durante las últimas décadas. La sociedad actual es muy diferente de aquella sociedad fundamentalmente agrícola y marinera de nuestros antepasados. Sin embargo, las tradiciones continúan teniendo sentido. Quizá incluso sean hoy más necesarias porque permiten mantener una conexión con nuestras raíces en una sociedad cada vez más globalizada. Conservar una tradición no significa vivir anclados en el pasado. Significa conocer de dónde venimos para decidir hacia dónde queremos caminar.
Los Corazones de Tejina son un ejemplo perfecto. Una tradición antigua continúa movilizando a jóvenes y mayores. Lo mismo sucede con El Socorro. Cada septiembre, nuevas generaciones realizan el camino que hicieron sus padres y sus abuelos. Y sucede igualmente cuando un joven aprende a tocar el timple, cuando una agrupación recupera una antigua canción o cuando una familia participa nuevamente en la romería de su pueblo.
Septiembre, un mes para recordar quiénes somos
Cuando llega septiembre, Canarias comienza lentamente a despedirse del verano. Las tardes cambian, los días empiezan a acortarse y las actividades cotidianas recuperan su ritmo habitual. Pero en numerosos pueblos del archipiélago continúa escuchándose la música de las fiestas. Es entonces cuando comprendemos que las tradiciones no pertenecen exclusivamente al pasado. Los Corazones continúan levantándose en Tejina. La Virgen continúa bajando hacia El Socorro acompañada por miles de personas. Las vendimias vuelven a llenar los campos. Las parrandas continúan afinando sus instrumentos. Las agrupaciones folclóricas siguen enseñando a bailar a los más jóvenes. Y las plazas continúan siendo lugares donde un pueblo se reconoce a sí mismo.
Las tradiciones canarias constituyen un patrimonio construido durante siglos. En ellas encontramos religiosidad, trabajo, agricultura, música, gastronomía, paisaje y convivencia. Pero, por encima de todo, encontramos memoria. “Una memoria que no permanece guardada en los libros, sino que sale cada año a las calles”. Porque un pueblo que conoce sus tradiciones conoce una parte fundamental de sí mismo. Y Canarias, desde cada una de sus islas, continúa demostrando que modernidad y tradición pueden caminar juntas.
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