
La brisa es suave a las siete de la tarde. El murmullo de las hojas de las palmeras y los tarajales sube y baja al ritmo del viento.
El azul ocupa ventanas y puertas; el blanco, las paredes. Brillan las hojas de las adelfas rosas y, un gato, negro como un eclipse, vigila desde un tejado.
No transitan vehículos, pero sí móviles.
Un móvil camina con su perro. Otro móvil habla francés y lleva una bolsa de basura que, de pronto, abandona entre dos coches aparcados. Más allá, varios móviles jóvenes pasean riendo. En un banco, dos móviles se besan.
La maresía atrapa el paisaje mientras los móviles avanzan con la cabeza inclinada y el gato los observa.
Al último, ya no le ve la cara.
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