
El tejer de la vida
Aprendí a tejer, dijo una mujer,
con hilo escabroso, fino y tenebroso.
Tejiendo la vida viví
con hilo del saber, aprender
y, madre ser.
Su bandera fue la de ser mujer,
amiga, compañera y madre.
María lleva por nombre
esa mujer ejemplar
que no para de hablar
de cosas que, pocas personas
saben interpretar en tiempos presentes,
y ella, habla en otro idioma
por razones de tiempo pasado,
donde la escasez de mundo tecnológico
hacía del lavadero llevadero
con poco jabón, mucha amistad
y vecinas de verdad.
Habla de ropa azulada
con añil con trapo dado;
de piedra lisa en tronera
para estregar la ropa con esmero
tenderla en el suelo
donde el sol la deje blanca
con sus rayos caballeros.
Dice que el barreño
repleto está y, que no cabe
una pieza más;
mejor, parar y el lavadero prestar
a esa buena vecina que,
siempre un trozo de pan me da,
me presta el jabón
y un cortadito bienvenido
me regala con sabrosura
que me alegra el sentido,
calienta los pies y complace al alma.
Habla de tostar el millo
llevarlo al molino,
recoger el gofio,
y de él todos comimos.
Gran mujer ésta que de todo
sabe hacer y, por ello,
muchas son las veces
que se queda sin comer
por tantas obligaciones tener.
Ella dice que la vida hay que saber tejer,
sí quieres ser madre, trabajar
y tener casa también.
Brutal sabiduría esconde doña María,
pocos, son la que la entienden
porque son vivencias del pasado
y, en estos tiempos modernos:
las pastillas de añil no existen
el barreño no se ve
el tostador no se tiene
las troneras no funcionan
el lavadero no está
ni nadie te deja lavar
porque contaminas la hortaliza
y la vida de prisa,
no sabe de tanta primicia.
Hoy nadie deja de comer
por tantas obligaciones tener
ni olvida el reloj que te canta la canción:
Primero yo, segundo yo
y, después de comer pensaré
que era lo que tenía que hacer;
ayudar, ya no se ayuda
mirar, ya no se mira,
y ver, menos aún
porque la obligación se volatizó
la proactividad dormida está
y levantar la cabeza del móvil
es pecado mortal generacional.
Eso dice doña María que vivió
la época de sus abuelos, padres,
hijos y nietos.
(Bendiciones a doña María)
Dulce María
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