Siempre tuve el desconsuelo de no conocer a mis abuelos, los padres de mis padres. Murieron muy jóvenes y ellas, mis abuelas, valientes y dispuestas mujeres impregnaron todos sus besos, caricias y abrazos con el amor que mis abuelos nos regalaron en herencia. Siempre los tuvimos  presentes en nuestra vida, a través del recuerdo que de ellos nos transmitían las abuelas, papá y mamá. Pero seguro que no fue lo mismo si hubieran estado presentes.

Luego viendo a mi padre como disfrutaba de sus nietos, entendí lo diferente que es el amor de abuelo y el de padre. Es un amor firme y a la vez tierno con esa seguridad y sabiduría que la experiencia les ha dado educando a sus hijos.

En esta ocasión he escogido para inspirarme dos canciones sobre los abuelos que basándose en recuerdos preciosos y preciados son diferentes ya que uno sacrificó su vida marchando lejos para dar una vida mejor a su familia y el otro quedó en casa trabajando duramente aunque con el mismo fin, el de mejorar la situación de los suyos.

Escribo este texto, al que título “la mejor madera” en homenaje a mis abuelos casi desconocidos  a  los que solo pude disfrutar a través de imágenes y la palabra de quienes los conocieron.

Eran sus manos como sarmientos viejos que habían trabajado delicadamente la madera. Todavía hacía trabajos para amigos o para entretener su cabeza y ejercitar sus manos cansadas.

Al modelarla la acariciaba como se acaricia la piel amada y eso ella lo agradecía y se prestaba a convertirse en delicadas piezas que siempre fueron alabadas por cualquiera que las contemplaba. 

Todos los días iba a su pequeño taller de toda la vida y allí ordenaba, limpiaba y contemplaba, con sus ojos un poco vidriosos por la edad, todas sus pertenencias mientras su pensamiento volaba jugando entre recuerdos y virutas. Revolviendo aquí, colocando allí, se encuentra un trozo de madera de tea que lo mira llamando su atención. Es un trozo magnifico y el perfume que desprende lo hace acercarse con interés, lo coge y lo acaricia como queriendo poseer ese olor inconfundible a pino cortado.

.- No te puedes quedar así, sin alma, tu y yo tenemos que hacerla aparecer.

No sabe si será capaz de infundirle vida pues sus manos ya casi están desprovistas de ella. La tea es muy delicada de trabajar por ser muy quebradiza, pero siempre le ganó su testarudez.

Pensando que podía crear con tan buen pieza, se le ocurrió que qué mejor uso podía darle que un juguete para su nietito de pocos años. Le haría un caballito de madera y en él guardaría todo su cariño para ese niño que era su alegría.

Pues manos a la obra pensó sin detenerse a comentarlo con la duda, que siempre se asomaba para fastidiar su decisión. Sus manos se convirtieron en un instrumento preciso y rápido y de forma impensable, de dicha madera empezó a nacer un precioso caballo, no muy grande, pues quería que su nieto lo tuviera como amuleto y recuerdo de su abuelo.

Con maestría fue tallando la cabeza altiva, las complicadas crines, el cuerpo elegante y unas patas que intuían un trotar alegre y seguro. 

De pronto se abrió la puerta y entró un niño a todo correr levantando el polvo y las virutas que cohabitaban desde siempre en  el taller.

.-  Buenos días abuelito, ¿Qué haces? 

.- Estoy dándole vida a un caballo 

.- ¿Dandole vida? ¡Es un caballo de madera!

.- Si Hugo, que así se llamaba el niño, si hablas y acaricias la madera, puedes hacer que cobre vida.

El niño se quedó contemplando como las rápidas manos, ahora con un brío inusual en ellas terminaba el caballo de madera de tea.

El abuelo poniéndolo en sus manos y le dice:

.- Este caballo es para ti, tenlo siempre contigo como recuerdo de tu abuelo que te quiere tanto y para que nunca olvides que del diálogo de sus manos y un trozo de preciosa madera, nació este caballo que te regalo. Es la mejor madera que encontré  y recuerda que procede de nuestros pinos canarios. 

El niño lo guardó como un tesoro y siempre tuvo presente la enseñanza de su abuelo, que era capaz de dar vida a un trozo de madera.

Aquellas manos, de tanto acariciar y trabajar el preciado material se convirtieron en manos de madera.

El abuelo Víctor o más conocida como el abuelo, es una canción de estilo folk compuesta por el reconocido cantautor asturiano Víctor Manuel escrita en 1969 y grabada en 1970 formando parte de un sencillo denominado Paixariños, disco que alcanzó el número uno de sencillos más vendidos ese mismo año. 

El abuelo, canción compuesta por el cantautor argentino Alberto Cortez fue grabada en 1989 formando parte del disco “Alberto Cortez canta con…”Fue escrita en homenaje a su abuelo emigrante gallego.

Pueden encontrar ambas canciones en Youtube

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