
Sagrados dientes de la cultura
El círculo con el punto dentro, la primera letra que descubrió su significado Champlion, era Ra, Dios (el Sol) del Nilo y al oeste de Elefantina, en la región de Asuán, cuyas piedras de granodiorita presentan esa peculiar veta rosácea. Hermosa profesión la del arqueólogo prospector del alma de la historia humana vista a través de detritus de sus pobladores. Teniendo en cuenta la antigüedad del género humano, damos por hecho que la práctica del arqueólogo no es reciente ni comenzó en las universidades. ¿Tendría el humano antiguo la misma curiosidad del actual de saber de dónde vienen sus inicios en el planeta Tierra? Los utensilios se degradan y la materia orgánica de los cuerpos, también, por lo que tuvo mucha suerte quien encontró en Schöningen la primera flecha de madera[1] utilizada por el hombre, que data de hace 300.000 años. Pobrísimo vestigio si aceptamos que lo más antiguo del cuerpo humano, hallado por un arqueólogo, tiene la friolera de 2,8 millones de años[2], aunque más atrás la Australopithecus aferensis, la famosa Lucy, cuenta los 3,2 millones de años, lo que nos evidencia lo poco que aún sabemos de nuestros ancestros.
Tratemos con el Diente de un preneandertal. Los arqueólogos hallaron en Atapuerca[3], en la Gran Dolina, unos restos fósiles de novecientos mil años de antigüedad, pertenecientes a un grupo de homínidos que bautizaron con el sugerente nombre de homo antecesor. Estuve visitando la excavación hace ya bastantes años con mis queridos amigos Antonia Sánchez Leiva y José Manuel Segado. Los yacimientos de la sierra de Atapuerca se encuentran a unos 15 km al este de la ciudad de Burgos. Su importancia científica se produce cuando el hallazgo de los restos de la Sima de los Huesos en 1992, y el que tuvo lugar, dos años después, de los restos de humanos que definieron una nueva especie conocida como Homo antecessor. Junto a los restos preneandertales de nuestros olvidados bisabuelos se encontraron también los fósiles de unos animales de gran tamaño. Se afirmó con aquel encuentro, hace ya más de treinta años, que este hombre antecessor pudo ser la especie que colonizó Europa en el ejercicio de su juego trashumante que abriría caminos para la dispersión de la primera raza humana, desde África a Europa pasando por Asia. Pero hace muchísimos más veranos se halló un Diente de homínido que vivió en esos lugares burgaleses la friolera de un millón doscientos años. Lo que situaba a su propietario en el europeo más antiguo hasta ese momento. Al dejarse descubrir en la tierra por una arqueóloga, ¿el solitario premolar buscaría a su dueño o a quien se lo comió?
Porque nuestros antepasados practicaban el canibalismo…
¿Acabaremos sabiendo quién se comió a ese joven de veinte años, o si murió de muerte natural, con lo natural que fueran las muertes de entonces? No podemos extrañarnos, en algún lugar de las redes, a un devoto o fans de la inigualable actriz mexicana María Félix, esta le confiesa en la entrevista que una vez comió carne humana sin saberlo, pues la habían invitado en una ciudad de Marruecos a comer y luego se lo dijeron. No es relevante (si la bromearon o fue cierto), pero sí el que un Diente recorre el mundo buscando a su dueño. Toda seña de identidad empieza por el genoma de un premolar. Ciertamente, la arqueología es una ciencia del futuro.
Seguimos con el Diente de un hombre sagrado. Antes de morir Buda[4], símbolo de tolerancia y pacifismo, le extrajeron tres dientes. Buda Gautama o Siddhārtha Gautama. Claro está nos viene al instante al recuerdo las muchas lecturas de juventud, recordaré siempre a Hermann Hesse con sus novelas El juego de los abalorios, Demián, El lobo estepario, Siddharta, Narciso y Goldmundo (entre otras) que están inspiradas en el budismo de Gautama. Fueron lecturas de juventud (¡en una extensa mélange, ou mélange détonant!) junto con Marcel Proust, Sartre y Simone de Bauvoire, Bertolt Brecht, Rabindranat Tagore, Calil Gibran, Somershet Mogan, Aldus Huxley, Luis de Góngora, Fernando Pessoa, Artaud, Lorca, Cernuda, Blas de Otero… ¡Uff, y tantos otros bien mezclados en la coctelera de los sabores literarios! ¿Todos esos sabores literarios, mezclados, revueltos y removidos en un cóctel inconcluso dan cuerpo a un escritor? Volvamos a los dientes:
Dos de los dientes del Buda Gautama, al parecer, fueron enviados al Más Allá, el tercero quedó en este mundo custodiado por la ciudad de Sri Lanka. Es una reliquia que atrae a millones de devotos. Múltiples capas de oro y piedras preciosas guardan celosamente el sagrado Diente. Los millones de budistas que lo veneran sólo pueden besar el cristal de seguridad que, como la capa exterior de una mística cebolla, recubre el testimonio arqueológico de un santo. Ese regalo de lo divino a la posteridad, el Diente de Buda, es otra seña de identidad humana. Ciertamente, la fe es una ciencia del futuro.
Tornemos al primer Diente de toda infancia humana. El niño babea y está impertinente. Llora a la primera de cambio. Se mete lo que encuentra en la boca y lo muerde con rabia y desespero. Se le está formando la dentadura y la carne de las encías se resiente al ser empujada por la corona del marfil nuevo. No sabe aún que también eso les ocurre a todos los niños del mundo. Tampoco puede imaginar que ese simple hecho, junto al terrible dolor que le provoca, aúna en un mismo territorio poemático todos los pasados y futuros del hombre en la tierra. Ciertamente, el Niño es la ciencia del futuro.
Tampoco sabrá ninguno de los tres dientes, el de Atapuerca, el de Buda y el del Niño anónimo, que sus arqueológicas células ayudarán quizá a reconstruir en el futuro, clónicamente, y con la IA, los cuerpos ocultos de sus propietarios. ¡Solo a partir de sus Sagrados dientes!
[1] El Elemento del que solo hay un gramo, Sergio Parra, 2015, p.107
[2] Concretamente es un hueso de la mandíbula hallado en el 2013. La mandíbula incluye tres muelas, dos premolares y las raíces de los dientes caninos. Sergio Parra, O.c., p.109
[3] https://www.atapuerca.org/es/atapuerca/Yacimientos-de-Atapuerca.
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