II Manifiesto: Humano vs. Ser social

Origen: del latín origo, originis (comienzo, principio, nacimiento).  

El origen representa la génesis de lo que somos, no de quiénes somos. Cuando nos lanzamos la pregunta —psicológica, metafísica o de moda— de ¿quiénes somos?, no volvemos al origen. Volvemos al ciclo recurrente del orden social: esa diatriba entre el bien y el mal, una dualidad mental que ha gestado el conflicto del mundo. Porque el mundo, en la suma, es quienes somos.

Estamos atrapados en el "ismo": fundamentalismo (mi verdad es única), tribalismo (solo importan los míos), racismo (superioridad por el origen), egocentrismo (yo soy el centro). Somos el resultado de una programación sistémica —escuela, religión, hogar, gobierno, sociedad— que nos define psicosocialmente. Un acumulado de creencias archivadas en un subconsciente que procesa 400 millones de bits por segundo y que, a diferencia de nuestra consciencia, no entiende de presente, pasado o futuro (tiempo relativo: ilusorio), sino que opera en un ahora absoluto (tiempo coherente: aquí y ahora).

Esa alienación es lo que llamamos "ser social". El sistema no está afuera; habita exclusivamente dentro de nuestro cerebro, como en cualquier ordenador. Afuera no existe nada, ni siquiera el color; la ciencia ya lo ha demostrado. Lo que experimentamos es una Proyección de Ilusión Dermóptica (PID): el cerebro crea, proyecta y percibe simultáneamente. Somos lo que sentimos y pensamos.

Es momento de cambiar la pregunta: ¿Qué somos?

Desde la materia, somos seres electronegativos según la tabla de Pauling. Oxígeno, carbono, hidrógeno y nitrógeno: una partícula de gas casi imperceptible en la inmensidad del universo. Pero en lo micro, somos una arquitectura de órganos, tejidos, células, átomos y partículas subatómicas. Al final de la escala, solo queda el fotón. Somos luz, literalmente y sin ambigüedades religiosas. Somos fuego.

Hagamos un ejercicio mental: evacuemos a los humanos de la Tierra. Dejemos solo la biocenosis de organismos vivos: minerales, animales y vegetales. En ese ecosistema perfecto, sin nosotros, no existiría Dios, ni el Diablo, ni izquierdas, ni derechas, ni religión ni ateísmo, ni ricos ni pobres. Desaparecerían los medios que han fracturado la convivencia y han dado paso a la violencia del mundo. La violencia es un invento del ser social.  

La pregunta queda abierta sobre la mesa:

¿Quieres seguir siendo un ser social o quieres volver a ser humano?

P.D. Si ha gustado este artículo, puede leer mi artículo anterior: I Manifiesto, naturalmente hembra, terrícolamente humana, universalmente pensante, o dejar tu comentario e inquietudes en mi correo electrónico: carrenohernan1979@gmail.com

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