Lucas era un niño fantástico, buena persona, humilde y cariñoso; le sobraban amigos. Sus abrazos no dejaban indiferente a nadie, familiares, amigos y conocidos; por donde pasaba, dejaba huella.

Era como esa persona que todos quieren tener a su lado por la autenticidad que le caracterizaba; su amor propio y el que daba a las personas era incalculable y verdadero. Sin embargo, un día Lucas dejó su luz en el pasado por llegar a su vida una fragilidad llamada “enfermedad mental”.

Una estrellita mágica le alcanzó y le viró su vida del revés, donde ya nadie le ve y, sus amigos y conocidos, e incluso, algunos familiares se alejan de su vida por esa nueva amiga que acompañará a Lucas para siempre; sin olvidar qué esa persona sigue siendo Lucas con sus pros y sus contras. Pues, ya nada será igual, excepto su autenticidad.

Él aterrorizado piensa: - ¿Qué me pasa?, no entiendo esta cabecita aturdida y viendo irrealidades, monstruosidades y diciendo cosas atroces que yo no quiero pensar. - ¿Qué ocurre?, - ¿Qué monstruosidad es esta? Uy, uy, ¡Qué horror! Por favor, que alguien me ayude.

Lucas estaba aterrorizado por tanta vulnerabilidad existente en tan poco tiempo, no entendía nada y, solo le quedaba pedir ayuda a sus padres hasta averiguar cuál era su mal.

No fue fácil pasar el tránsito de incertidumbre, mejor dicho: fue horrible; llegar a urgencias y que el médico de guardia llame al psiquiatra de guardia para ponerle nombre a la fragilidad de Lucas fue muy doloroso para él y para sus padres. Fue tremendo, sin ni siquiera conocer esos términos, te los tiene que hacer tuyos de la noche a la mañana y, para siempre jamás.

Después de varias pruebas y analíticas; el psiquiatra llama a los padres y como si de un juez se tratara, dicta el veredicto: a su hijo le ha aflorado una enfermedad mental y tenemos que ingresarlo en la unidad de salud mental para poner medicación, ajustarla y hacerle un estudio al completo.

Joooo, no me lo puedo creer- dice la madre. Y el padre cabizbajo dice: ¿eso tiene cura? Volverá a ser él, otra vez. La mente de ambos se dispersaba a mil por mil; su hijo estaba ante una enfermedad atroz y, para toda la vida. Ambos caen destrozados emocionalmente ante el especialista que les habla y les intenta explicar la situación y los pasos inmediatos a seguir.

No había marcha atrás; ahora, tocaba caminar con dicha fragilidad, aceptarla y seguir sin flaquezas para levantar a ese niño que se encontraba perdido en el abismo cruel de la enfermedad mental.

Lucas tendido en la cama semirígido por la afectación motora que escondía el terrible mazazo; sin embargo, los corticoides anularían esta afectación, pero la psíquica solo se dormiría con el fármaco adecuado. Pues, llegó para quedarse.

Los padres se despidieron del doctor y volvieron al lado de su hijo dándole un abrazo interminable y, explicándole de la forma más adecuada posible que, tendría que quedarse ingresado hasta mejorar su salud. 

-Lucas: - ¿Por qué?, - ¿Qué es lo que me pasa? No entiendo por qué mi mente me hace ver y decir locuras. Por favor, decirme qué me pasa; no entiendo nada.

<<Lucas entró en pánico y, su mamá mandó a su marido a llamar al doctor.

Este vino, llamó a la enfermera para que le administrara un calmante y luego cuando las aguas volvieran a su cauce; le hablaría y le explicaría la realidad. Fue duro, durísimo, pero era la realidad y, cuanto antes se pusiera el veredicto sobre la mesa, antes se aceptaría y el tratamiento comenzaría a hacer su efecto. Realidad cruel, pero era lo que tocaba abrazar y amar por el bien de Lucas.

Pasadas las semanas y meses, con una calma más aplomo; Lucas habla de su realidad:

Ya, nadie me ve o me quiere ver; pocos son los que me quieren visitar y, muy pocos los amigos verdaderos. Tras mi fragilidad y siendo la misma persona y teniendo el mismo nombre, pocos son los amigos verdaderos y las personas auténticas. Ahora, no me miran igual, e incluso, se alejan de mi portal.

Diosito por qué das fragilidad y, no das luz a las personas para que no rechacen, no vean, sean crueles o no abracen a la fragilidad de esa persona maravillosa qué lucha por superar su fragilidad con amor y propiedad.

- ¿Por qué, tras la vulnerabilidad se mira a otro lugar y, dejas a ese gran amigo atrás?,

- ¿Por qué? Solo diosito lo sabrá- dice Lucas.

Él herido está, pero no va a permitir que su dolor trascienda porque piensa: que ese amigo, no era un amigo de verdad. Y, sufrir no justifica la verdad.

En la actualidad Lucas ama su realidad y se rodea solo de personas verdaderas; el resto las ignora y pide al universo que las ilumine con amor y amistad.

Decirle a Lucas que es una persona maravillosa y, que se merece todo lo bueno que la vida le brinde; pues es un ser de luz y de autenticidad. No cambies nunca Lucas…

© Dulce María Díaz

Añadir nuevo comentario