Hacer un análisis del desarrollo del sistema económico nos obliga, inevitablemente, a formular una pregunta que cala en la estructura psicológica y social: el dinero ¿Es un fin o es un medio?

Para responder a esta interrogante, debemos desnudarnos de los condicionamientos culturales, de la alienación social y de las modas ideológicas. Necesitamos estudiar la experiencia humana tal y como es, sin narrativas impuestas por el mercado: un hecho real, biofísico, orgánico, molecular y atómico que ocurre dentro de un ecosistema planetario. La estructura del ejercicio cambiario, determina que el intercambio comercial es, teóricamente, la retribución de la producción. Bajo este esquema, un individuo labora de acuerdo a sus conocimientos, destrezas, habilidades y capacidades. Sin embargo, la Matrix económica nos ha vendido un espejismo.

Debemos desmitificar ese paradigma: el dinero no es ni un medio ni un fin.

El verdadero medio, el dinero cuántico existencial de la realidad, es el tiempo. Cuando te empleas, no te pagan con dinero; están comprando tu tiempo. El dinero opera como un simple indicador, un instrumento abstracto que intenta medir el valor de ese medio sagrado que es el tiempo. El fin para el trabajador no es el papel moneda, sino los bienes y servicios que garantizan su supervivencia, seguridad, bienestar y protección.

Paradójicamente, este esquema desarrolla un virus invisible: el miedo. El miedo a la carencia es el dispositivo de control, el elemento de convencimiento perfecto para que la maquinaria no se detenga y el individuo continúe produciendo hasta jubilación y, a veces, hasta la muerte. El sistema socioeconómico proyecta el valor del dinero para ocultar la verdadera energía que se está transmutando: la matriz de conciencia-tiempo del individuo. Realmente el mercado funciona como un extractor de coherencia; porque el tiempo del ser humano en un estado de libertad es un tiempo coherente. (En el próximo manifiesto hablaré de mi teoría: El tiempo coherente). Cuando nos atrapan en la rutina del trabajo alienado, el sistema decodifica tu coherencia particular y la convierte en entropía para nosotros, pero en orden y riqueza para la macro estructura (la mano invisible del mercado); entonces, el dinero no es más que el residuo denso de esa transmutación energética.

Esto nos coloca ante una encrucijada existencial, cada segundo que transcurre, ¿Estamos malgastando nuestro tiempo o lo estamos invirtiendo? Cuando el ser humano entrega su tiempo a cambio de la ilusión de seguridad, está canjeando su potencial energético por una línea de tiempo predecible, rutinaria y domesticada. 

Al final, el sistema nos ha igualado a todos bajo la misma condición. En este engranaje de consumo y supervivencia, no existen amos absolutos, todos, en distintos niveles de la pirámide del capitalismo, terminamos siendo esclavos del mismo constructo social. La trampa perfecta del sistema no fue hacernos trabajar por dinero, sino convencernos de que el dinero era el fin, para que olvidáramos que el verdadero fin era nuestra propia existencia.

Frente a este sistema que devora silenciosamente tú tiempo, la pregunta ya no es a quién le sirve tu esfuerzo, sino que haces tú con el residuo que te queda:

“En la esclavitud compartida… ¿el dinero es el medio para comprar tu ración de libertad, o se ha convertido en el fin que justifica tu propio cautiverio? 

P. D.: Si te ha gustado este breve contenido, te invito a leer mi anterior manifiesto para que vayas creando una idea precisa en tu imaginación:

IV Manifiesto: Sistema Operativo N5

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