Quienes me conocen saben que siempre prefiero mirar la botella medio llena. Por eso este mes, bajo la sombra de Echeyde, he reflexionado sobre una noticia que, a simple vista, resulta estremecedora: 2.707 personas fueron ejecutadas en 17 países durante 2025, una cifra que no incluye las miles de muertes que, presumiblemente, siguen produciéndose en China, Vietnam y Corea del Norte, donde el secreto de Estado oculta la verdad.

Sin embargo, ante estos datos, usted se preguntará: ¿dónde ve lo positivo? Sí, cuesta, pero no hay que perder de vista que unos pocos gobiernos empeñados en gobernar a través del miedo no pueden frenar una corriente imparable: el mundo sigue avanzando hacia la abolición de la pena de muerte.

El aumento global de las ejecuciones se explica casi en su totalidad por dos países. Irán fue responsable de al menos 2.159 ejecuciones —el 80 % del total conocido—, la cifra más alta registrada en el país desde 1981. Arabia Saudí, por su parte, batió su propio récord con al menos 356 ejecuciones. Entre ambos concentraron el 93 % de todas las ejecuciones documentadas en el mundo.

Otros países también registraron aumentos preocupantes:

  • Estados Unidos ejecutó a 47 personas, la cifra más alta desde 2009 y la única registrada en todo el continente americano.
  • Egipto llevó a cabo 23 ejecuciones.
  • Kuwait y Singapur, 17 cada uno.
  • Yemen, al menos 51.

Además, Emiratos Árabes Unidos, Japón, Sudán del Sur y Taiwán reanudaron las ejecuciones tras varios años sin aplicarlas.

Resulta especialmente alarmante que casi la mitad de las ejecuciones registradas estuvieran relacionadas con delitos de drogas, una práctica contraria al derecho internacional de los derechos humanos.

Dicho esto, y sin querer blanquear la tragedia, miremos el tablero global. La noticia verdaderamente relevante es otra: solo 17 de los casi 200 estados del mundo llevaron a cabo ejecuciones en 2025. Ninguna de estas cifras debe ser minimizada. Cada ejecución es un fracaso de la humanidad. La tendencia global sigue siendo claramente abolicionista.

África subsahariana: solo Somalia y Sudán del Sur aplicaron la pena de muerte. 

Europa y Asia Central: ninguna ejecución; incluso Bielorrusia, tradicionalmente el único país ejecutor en Europa, no ejecutó a nadie por primera vez desde 1994.

El año 2025 también dejó pasos firmes hacia la abolición:

  • Vietnam abolió la pena de muerte para ocho delitos, entre ellos el tráfico de drogas.
  • Gambia la eliminó para delitos como el asesinato y la traición.
  • Zimbabue conmutó todas las condenas a muerte existentes.
  • El Tribunal Constitucional de Kirguistán declaró inconstitucional cualquier intento de reintroducirla.

Hoy, más de dos tercios de los países del mundo han abolido la pena de muerte en la ley o en la práctica:

  • 113 países la han eliminado completamente para todos los delitos.
  • 9 la han abolido para delitos comunes.
  • 23 son abolicionistas de facto, al no haber realizado ejecuciones en al menos una década.

Cuando Amnistía Internacional inició su campaña contra la pena de muerte en 1977, solo 16 países eran plenamente abolicionistas. Hoy son 113. La evolución es innegable y demuestra que la abolición universal, aunque todavía incompleta, está cada vez más cerca.

Si quieres más información: https://www.es.amnesty.org/en-que-estamos/temas/pena-de-muerte/

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