
Solo o con....
Grano a grano, con el devenir de los pensamientos, mientras desnudas al cafetero de sus cerezas frutas.
Atrás quedaron las aterciopeladas blancas flores esculpidas una a una como origamis, todas distintas, con su aroma característico, no son azahares, pero su aroma bien vale un perfume.
Atrás quedan siglos de cosecha, por probar el elixir que se comparte entre las conversaciones humanas, moreno terminas antes de pasar por la molienda, merecidos malos culinarios tratos que terminan en una taza.
Pasas tú, descafeinada vida, escondido en un saco, exportado ni se sabe, empaquetado en sobres llamativos disfrazado de encuentros programados.
Últimamente encapsulado para que el caché del actor salga por la caja tonta y te invite a utilizar el artilugio de la cafetera que abre el hambre del sentido del olfato.
Quedamos para un café, parece todo un encuentro folclórico en la tertulia de la vida nos complacen compartir palabras mientras el moreno liquido reconstituyente baja por el esófago la mente se despierta.
Cuánto café " desparramado" para arreglar el mundo, detrás de una conversación de dos, en grupo, del inframundo, del negocio, encuentros en la tercera fase...
Lo considero el arje matutino, para arrancar al cuerpo de la cama y empezar el día digamos con energía.
Hay quien lo enfría, lo tiramisunan, lo descafeinan, licoralizan, lo sobremesan, pero independiente es su sabiduría, con su tez a moreno de playa caribeña aunque ya lo hay por todo el mundo.
Quedamos para un café.... cuando quieras... lo que haya detrás, solo el destino sabe.
Así que, un pequeño poema acompaña al rey de los líquidos procesados que provoca que soltemos palabras.
El buchito... café

Sabor, sabor,
a tertulia,
secretos compartidos,
palabras para dos.
Risas sinceras,
te lo cuento, pero,
sin esfuerzos,
fluyen las palabras,
ojos que brillan.
Solo,
con leche,
azúcar a la vida,
alguna lágrima,
derrama la ira.
Te sinceras,
esencia a vainilla,
que me cuentas,
en serio.
Tardes de respiro,
resacas,
malas noches,
ahí está,
bebida en compañía.
Suena din, don,
para el tic, toc,
el arranque,
empieza la mañana .
Ese ruido.
La cafetera,
esconde las tazas,
no, tú pon la mesa.
Qué maravilla.
Huele a qué,
dímelo,
recién hecho,
qué suerte
cucharas al frente,
revuelve.
Ojalá que
llueva café
en el Valle.
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