Hoy conoceremos a la escritora y dinamizadora cultural Lola May. Nacida en Gran Canaria y residente en la Ciudad de los Faycanes, hablar de ella no es tarea fácil, pues esta mujer habita desde hace años multitud de espacios culturales en nuestra isla, con tertulias y presentaciones literarias, y cumpliendo deseos; sí, cumpliendo deseos, como los que pidió Susi Arencibia.

Aunque en ocasiones se dedicó a realizar cortometrajes, quizá vuelva a deleitarnos con esa faceta. Además, conjugó su vida laboral como Técnico Superior en Integración Social con las tareas domésticas. Tarea que nuestra escritora ha de hacer con una dedicación más exclusiva. 

Cabe decir que, tras finalizar su vida laboral, hace unos años camina con solidez en sus propios proyectos literarios, aquellos que se iniciaron con la participación en antologías.

—Hola, Loli. Hoy te he invitado a almorzar aquí, al Restaurante Rígolo. Es un lugar maravilloso y se ha convertido en el cuartel general de nuestras entrevistas. La magnífica revista mensual de Acte Canarias lo merece.

—Hola, Aurelio. Gracias por tu invitación; el lugar es magnífico y ciertamente la publicación y el restaurante son geniales.

—Espero que vengas preparada para que te conozcan todos nuestros lectores.

Mientras tomaban nota de la bebida y la comida, comenzó la entrevista...

¿Qué te llevó a la literatura? 

La lectura se fomenta, generalmente, en el ambiente familiar o escolar, ese es mi caso. Y como en todos los casos se va evolucionando.  

Recuerdo que, cuando tenía unos 15 años, un tío mío, portuario, me trajo una cajita de cartón llena de novelas de Marcial Lafuente Estefanía. Las devoré. Claro que ya había leído Genoveva de Brabante, El diario de Ana Frank. Más tarde Lorca, Alberti, Miguel Hernández. Todo ello fruto de la escolarización. 

¿Y a escribir?

Creo que casi todos hemos escrito versos, pareados y ripios de adolescente. Mis primeros ejercicios fueron durante las clases de literatura en la asignatura de Lengua. Jugué a los pareados, a la rima… 

Hice muy buenas redacciones. Y hasta creé inicios de novela que eran aplaudidas en la escuela. Allá con los 13 o 14 años. 

Más tarde como agente de pastoral dinamizaba los grupos con teatrillos para niños y para mis compañeras catequistas creados por mí. Tengo hasta una costumbrista cómica que hice para un grupos de mujeres de Cáritas. Aún los conservo.  

¿Qué género lees y escribes y por qué?

 Leo de todo. Muchos artículos, novela y poesía. Ahora mismo leo Maricón de pueblo de la compañera Asunción Marrero que ha publicado con ACTE y me está gustando mucho su trama.  

Escribir, escribo poemas y relatos desde hace mucho. Ahora he descabalgado del género excelso porque me he enfrascado en un proyecto que me bullía dentro desde hace años. Es ahora que he encontrado la fuerza o la inspiración para llevarlo a cabo. Creo que he tardado porque no quería asumir la responsabilidad y, ha llegado la hora. 

¿Cuáles son tus poetas y novelistas favoritos?

¡Buff! Tantos y tan variados. Llevo algún tiempo enganchada a los Cuentos de los Escritores Universales. En estos momentos estamos inmersos en una vorágine de sucesos noticiables que seguimos al minuto y las redes nos han alejado de las lecturas de 800 páginas. La literatura ha ganado ligereza, el estilo de los cuentos va recuperando espacio. Ya no nos atraen las lecturas barrocas, con cientos de personajes, con descripciones minuciosas y detalladas que encallan la lectura. La prosa poética sigue en auge. 

¿Cuáles son tus libros favoritos?

Durante años seguí la lectura evasiva, pero, también tuve una etapa de lecturas de autoayuda. El boom de finales de 1990. 

Creo que esta etapa la comencé con Robin S. Sharma con su mítico El monje que vendió su Ferrari y Pablo Coelho y su A orillas del río Piedra me senté y lloré…. Pero, el que se llevó la palma fue Las nueve Revelaciones de James Redfield. Ah, y el libro que tengo en la mesa de noche todavía y que releo de vez en cuando, El lenguaje Dios de Clayton Gaulden.  

¿Quisiera preguntarte sobre tu rutina y hábitos en la escritura?

Soy mas productiva por las mañana. Pero, cuando estoy en racha escribo hasta altas horas de la madrugada. 

¿Quién impulsó tu historia como escritor?

No soy escritora, aunque escriba, ni soy poeta, aunque sepa hacer un poema. Lo digo siempre. Soy una aficionada, una aprendiz. 

Soy muy exigente o tal vez muy responsable y, para ser escritor/a, y mucho más allá, poeta, deben darse una serie de condicionantes entre don, arte y técnica que no poseo.  Yo, simplemente, ejercito. 

Tuve particular inclinación desde siempre a contar cosas. Después tus pasos te van conduciendo y se va creando una senda. En realidad, se aprende de todo. La participación en grupos de creación de relato y poesía, el contacto con escritores y, más tarde, conocer a Santiago Gil, me llevó a curiosear en sus Talleres. Él te cuenta su experiencia como lector, como periodista. No te enseña a escribir, pero, te ofrece claves muy valiosas. También estuve en Aula Alexis Ravelo con Pedro Flores, pero, sólo por conocerlo. No creo que ningún poeta lo sea por ir a un taller. Ser poeta es una condición que se desarrolla con ejercicio y lectura, pero, es más un don. 

¿Cuántas obras literarias tienes pendientes de publicar?

Ahora mismo en mi ordenador hay unos 15 proyectos que esperan ser desarrollados.  ¡Ahí es nada! 

¿Planificas o dejas surgir las ideas de tus novelas sobre la marcha?

Soy muy sensible. Tengo mente de escritora y, continuamente aparece un título ante mis ojos.

Lo primero que creo es el título y me funciona como un foto-relato.

¿Has cambiado algún final después de terminar la obra? Las historias surgen completas. Muchas veces la dificultad estriba en el comienzo. En el enfoque. Después, sucede que cobra vida propia.  

¿E-book o papel? 

Papel. No dejo de apreciar los libros digitales. 

¿Cuánto suele durar tu proceso de documentación?

Ahí le has dado. Dedico mucho tiempo a la búsqueda de datos. 

¿Algún consejo a los nuevos escritores?

Como Técnica en Integración valoro muy positivamente que expresemos emociones volcadas en el papel. Es muy liberador. Si no podemos hacerlo en primera persona, funciona crear personajes y asignarles vida.  

¿Qué tiempo le dedicas a escribir?

Yo creo que poco. Soy madre y gestiono las tareas de mi hogar. Aunque tengo algo de ayuda, creo que no dedico lo suficiente. 

El ya famoso juego del “Nunca, nunca” reúne a nuestros literatos y lectores en un ambiente distendido, donde todos comparten un rato agradable. Suelen ser momentos divertidos, aunque en ocasiones, también pueden dar lugar a reflexiones inesperadas.

Precisamente ese pensamiento, acompañado de un sincero agradecimiento, fue lo que nos transmitió Lola May.

Nunca, nunca, …. digo nunca jamás. La experiencia me ha indicado que no debemos dar nada por firme, inamovible o seguro. Todo cambia, todo evoluciona y nosotras también. 

Aprovecho esta oportunidad para agradecer a ACTE estos espacios para escritores y escritoras de canarias. Aunque yo me he descolgado un poco de la participación que prestaba debido a este proyecto que he comenzado. Pero, creo que además han ampliado servicios hasta la publicación de obras para sus socios y es algo muy a considerar. 

Al término de la comida el Chef Matteo Pierazzoli nos acompañó y nuestra escritora le dedicó sus dos obras: ¿Quién dijo que yo era poeta? Ejercicios de una iniciada y Joanna visita París. 

Al término paseamos por Triana y tomamos unos helados en Guirlache, fue un jornada muy especial. 

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