
Me encontraba existencial y a la vez sensible, mi interior me hablaba, y mis cinco sentidos presentían el sufrimiento, el pesar, el suplicio, de esa intensa pena colectiva que se ha ido acentuando últimamente de una manera notoria, a tanta injusticia social normalizada, con todo su séquito de normas que justifican lo injustificable, heredada por tantos años de democracia.
Me percaté que en la plaza pequeña en la que estaba de un barrio cualquiera, habíamos muchas madres y padres, todos estábamos por un único motivo, que nuestros hijos tuvieran un momento de diversión después del colegio, y de las actividades extraescolares, con la ligera y pequeña salvedad de que ese momento también nos facilitara las cosas, así los niños se cansan, se agotan y descargan toda esa energía que llevan dentro, como buenos niños que son...
Desde el banco en el que cada uno estábamos sentados, vigilábamos a nuestros hijos y mientras hacíamos eso intentaba recluirme, al menos yo, para poder tener quizás ese momento de engañosa tranquilidad... Nos mirábamos los unos a los otros, y compartíamos esa aparente complicidad impuesta, porque nuestros hijos jugaban juntos.
Es paradójico pero, antes, no hace mucho, la inmensa mayoría de nosotros vivíamos en casas terreras, que nos permitían jugar así, como en el parque de la plaza, lo hacíamos hasta desfallecer, mientras nos descubríamos a nosotros mismos, además todo eso era de manera segura... y los que vivían en un piso, o apartamento, este piso era grande, muy grande, con capacidad de albergar una familia con todas las comodidades posibles, porque eso facilitaba la convivencia de una vida familiar, no nos planteábamos algo distinto... Era obvio que una familia si no podía acceder a una casa, tenía que vivir en un lugar apto, con condiciones para ello, sin embargo, eso "evolucionó" hacia el dorado, el dorado fue quien nos ordenó, esa era la prioridad para dar orden, nuestro gran amigo el dinero, y así nos hemos ido adaptando nosotros a él y no al revés, todo lo ordenamos desde ese foco, desde el dinero, y no desde lo que necesitamos como humanidad. Son muchos ejemplos, que por tantos, parece una demagogia lo que expreso, o una anhelada utopía, o una desesperada fantasía... El caso es que, vivimos en grandes urbes, amontonados, pagando cantidades astronómicas para todo, porque en esas ciudades hay dinero, y eso es verdad, sin embargo, ¿por esa causa nosotros somos felices, vivimos sin estrés, nos sentimos realizados por ello?...
Se suponía que la soberanía radicaba en el pueblo o tal vez, en sus representantes, y nos perdimos, lo "peor" es que ya no sabemos encontrarnos...
En ocasiones tenemos que hacer grandes sacrificios y dejar a nuestros hijos desde muy poca edad en guarderías y no queremos hacerlo, nos duele en el alma, pero el sistema y sus normas nos dicta cómo debe de ser, o mujeres en su embarazo teniendo que sí o sí mantener ese dorado, o la lactancia con grandes artilugios para poder atender lo que por naturaleza sentimos que es de lo que hay que ocuparse, perdiendo quizás la perspectiva de lo importante para nosotros, ¿nosotros o el dorado?... No soy iluso, debe haber un equilibrio, pero me pregunto ¿acaso ahora lo hay?...
Hoy creemos que hemos avanzado, al menos así lo pensamos, y en muchas cosas no ha sido así, sino todo lo contrario, hasta la informática somos nosotros los que tenemos que adaptarnos a ella, no es ella a nosotros, sino al revés, es el mundo al revés... y así con todo, primero el dorado, después la humanidad, quisimos hacerlo bien, sin embargo, hemos de reconocer que no nos funciona y atrevernos a cambiar, o vendrá lo que se avecina y todos de una manera más o menos intensa lo percibimos, la gran transformación, a veces será traumática, por tanta resistencia a la transmutación del sistema...
Desde esa manera de percibir, ordenamos la vida, el sistema creó a políticos, que ahora ellos velan por garantizarlo, funcione o no, pues sigue muriendo gente de hambre y aún hay razones que lo justifican...
Acceder a una vivienda es un lujo, con una carga económica de por vida, y damos las gracias, porque creemos que no somos merecedores de más, o que solamente somos merecedores de esa hipoteca casi infinita... como si fuéramos ignorantes y analfabetos para poder leer la letra pequeña de esta grandísima injusticia que vivimos, donde todos somos conscientes, que el mundo es de todos, que sí, que por supuesto que debemos estar ordenados, organizados, sin embargo, antes debemos empezar a cambiar cada uno y no el mundo, porque no es posible cambiar lo que hacemos, si antes no cambiamos lo que somos, es así como ordenamos la transformación, primero nuestro yo y eso cambiará EL SOMOS.
Somos Gotitas de Agua que formamos el agua, si una Gotita cambia el color, el agua que forma cambia de color..

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