
Para evitar estallarnos o creer que nunca saldremos de la orilla, navegar entre las letras aunque no tengamos el viento de la imaginación a nuestro favor, todos tenemos algo que decir.
Como besa la sabina el suelo por el efecto del viento, acaricia el escritor con su pluma la cuartilla aprovechando el huracán de la tentación, hoy escribo.
Donde comienza el meridiano cero para el que escribe, es innato, tiene la culpa la educación recibida o son seres que tienen necesidad de comunicarse todos los días.
Qué luz guía al lado del escenario elegido para seguir dando largas a las escurridizas letras, sin que nos quedemos dormidos sin mediar palabras.
Tal vez es en el vértice donde al mirar de reojo, frente al escenario del horizonte con un ocaso, o acaso porque el sol no quiere dejarnos trabajar, nos hace cerrar los ojos para intentar que dejemos ese sano vicio, escribir.
Sabiendo el abanico de posibilidades del que disponemos para cultivar la huerta literaria, desde la terrible estepa castellana, verde que te quiero verde, nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar…
Simplemente somos jornaleros de letras con no más cotización que la seguridad social de que todos tenemos "algo que decir".
Y tú me lo preguntas, escribió alguien un día y ha quedado para siempre como un anhelo a saber llegar al que escucha, son ecos las distintas formas de hablar con la mente sazonada por el corazón.
Podríamos pecar de soberbia si le damos rienda a la libertad de expresión, perseguidos tantos que han escrito sobre derechos, política, condiciones… con fórmulas magistrales para evitar los barrotes o la hacienda de las letras la censura.
La esencia que arranca un verso, cuando roba un beso de un amor comprometido o la estrofa que modera el sentimiento arraigado de la vida taciturna que te haya tocado latir.
Y a la tercera fase fue la vencida, nos tocó en "ir" como si la evolución del hombre consagrara hablar, leer y escrib"ir" parece fácil, pero ¿qué opinan ustedes?
Todos tenemos algo que dec"ir"...
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