Nos conocimos por casualidad, en la  fiesta de un amigo  de mi hermano, a la que había ido, más que nada, por no aburrirme en casa. En principio él no me llamó la atención pero a medida que avanzaba  la velada fue interesándome cada vez más, primero desde el punto de vista físico: ¡qué guapo era!; luego me gustó su conversación, su seguridad y su sencillez.

Nos encontramos en varias ocasiones, pues quise conocer a Roberto más a fondo y como si la vida deseara que nuestro camino fuera poco a poco enlazándose, a esas ocasiones le siguieron muchas más.

Con él me sentía segura, querida, y un poco mimada. Compartíamos muchos gustos y aficiones, lo que hizo que de una buena amistad fuera brotando un precioso y preciado amor  que lo envolvía todo. Nuestras vidas se llenaron de luz. Ya no podíamos vivir el uno sin el otro.

Manteníamos nuestra relación en secreto hasta estar seguros de que lo nuestro era para siempre. Pero ¿que significaba para siempre? Esta pregunta surgía en ocasiones como un destello que yo rechazaba inmediatamente.

Un día, creyendo que ya era el momento de confiarle a mi hermano lo que estábamos construyendo juntos, le hice la confidencia para ver qué pensaba.

.-¡Estas loca!- me dijo.- ¡pero si él está casado!

  Me volví loca de dolor. Mi mundo se oscureció y mi corazón se aceleró como si quisiera correr a buscar una razón a toda esta sinrazón. No podía articular palabra. Mi hermano me abrazó y me dijo que me olvidara de él, que era mejor para evitarme un sufrimiento mayor. 

¿Podía haber mayor sufrimiento?

Estuve un tiempo con la mente fuera de mi cuerpo, huyendo de Roberto, sin cogerle el teléfono y evitando tropezarme con el. pues él me buscaba para hablar conmigo, sorprendido de mi huida repentina.

Un día el azar quiso que nos encontráramos y él me abordó preguntándome qué estaba ocurriendo para que desapareciera de pronto. Pensé dejarle plantado pero algo en mi corazón me decía que hablara claramente con él pues no podía entender su cobarde acción al ocultarme su situación de casado. Yo era la que necesitaba explicaciones al respecto.

Hablamos largo y tendido. Que su matrimonio estaba roto me decía. Que su amor por mí era sincero y fuerte. Que nunca había tenido sentimientos tan sólidos. Después de hablar en varias ocasiones largo y tendido, me convencí que decía la verdad. Me quería y quería compartir su vida conmigo, aunque no quería hacerle daño a su esposa, pues se sentía en deuda con ella por tanto como le había ayudado en salir adelante en momentos difíciles para él.

Decidimos retomar nuestra relación y vivíamos momentos muy felices de complicidad y cariño, pero siempre existía en mi corazón la sombra de ese amor compartido. Deseaba ser su único amor. Al mismo tiempo desechaba esta idea cuando sopesaba esos momentos de plena felicidad y esa sombra que me intranquilizaba.

Así estuvimos varios años en los que vivimos nuestro amor a ratos. 

En una ocasión en que compartimos una de nuestras  noches maravillosas, Cuando Roberto estaba en el baño, al recoger su americana que se había deslizado al suelo y  colocarla en el espaldar del sillón, cayó al suelo un papel doblado con algo escrito. No me pude contener y lo abrí. Una preciosa letra de mujer adornaba lo que parecía una nota:

El sueño me abandonó y fue a enamorar al alba.

Abriendo los ojos supe que a mi lado ya no estabas.

Mi alma se acomodó en tu lado de la cama, por cubrir la soledad 

que me abraza en la mañana.

Que vas y vienes, lo sé. Que las excusas son puertas,

que antes fueron ventanas por las que siempre te marchas,

para regresar o no cuando la luna se escapa.

No sé cuando me volví en tu costumbre o rutina.

El caso es que para ti yo ya no tengo valor, soy una desconocida.

Seguiré andando el camino con esta pena a la espalda y el corazón casi muerto,

y con hilos de esperanza tejeré un futuro incierto.

María

¡Me quedé pasmada! En ese mismo momento supe que yo no podía continuar. A través de estos versos de su esposa me di cuenta que había otro corazón que seguía latiendo por Roberto. Y esa sensación de compartir también tanto dolor me hizo ver claro lo que nunca quise admitir.

Yo siempre sería “la otra” y estaría en el lado prohibido. Esta sensación fue más poderosa que todo. Pensé en el futuro y el pasado se difuminó.

Salí corriendo para nunca regresar. Nunca lo volví a ver.

¿ Puede una persona tener dos amores a los que se quiera por igual ?

El autor de este hermoso bolero “Soy lo prohibido” es el cantante y compositor Roberto Cantoral quien la compuso juntos Dino Ramos allá por 1970 y ha sido interpretada por los mejores cantantes hispanos entre ellos  Natalia Lefourcade, Olga Guillot, Luis Miguel y una versión a voces de Pablo Milanes y su hija Haydèe que  escuché en algún momento en Facebook, preciosa versión. También hay una versión del grupo español el Consorcio. 

Todas ellas las encontrarán en YouTube si les apetece escucharlas.


Si tiene interés en leer más artículos de mi autoría puede leer mi anterior artículo Mediterráneo que encotrará en la revista Canarias literaria nº 13 de la Asociación canaria de escritores ACTE

Añadir nuevo comentario