Con la espontaneidad como bandera y una vida que ella misma define como un libro abierto, Pili nos recibe sin filtros. Escritora de corazón y viajera de alma, repasa su trayectoria entre anécdotas, humor y una honestidad que desarma. Detrás de la «pispireta», como ella misma se bautiza, hay una mujer que encontró su voz lejos de casa y nunca dejó de usarla.

Hay personas que, nada más sentarse frente a ellas, hacen que el tiempo se detenga. Pili es una de ellas. Escritora y poeta canaria, construyó su identidad literaria entre las islas y Venezuela, donde emigró con apenas diecisiete años y un bebé de ocho meses en brazos. Hoy, con la misma energía de siempre, nos habla de escritura, de vida y de lo que significa encontrarse a uno mismo al otro lado del océano.

Tu caricatura exagera un poco algunos rasgos. ¿Cómo te ves en este retrato? 

Me veo como soy, una mujer alegre capaz de seguir rompiendo barreras. 

La pispireta que se hizo mujer en Venezuela

Si tu carrera fuera una historieta, ¿cuál sería el título del primer capítulo?

Tendría que ser algo así como «Ahí viene la pispireta de Pili». No podría ser más identificativo, la verdad.

¿Cómo es una jornada típica en tu vida?

Pues levantarme, desayunar y pasar el día lo mejor que pueda. Así de sencillo y así de real.

¿Y dentro de esa jornada, qué espacio le dedicas a la escritura?

Últimamente, poco. No tengo un horario fijo para escribir. Yo soy de las que creen en la musa: cuando llega la inspiración, me siento y escribo. El silencio es lo que más me ayuda. Más allá de eso, no sigo ninguna rutina establecida.

En tu camino seguro que ha habido momentos difíciles. ¿Alguna anécdota que te haya marcado especialmente?

Sin duda, cuando emigré a Venezuela. Me fui con diecisiete años y mi hijo Alejandro, que tenía apenas ocho meses. Fui a reunirme con mi marido, Felix, y estuve viviendo allí cuatro años. Ese fue el momento en que me hice mujer de verdad. El viaje del inmigrante es algo que muy poca gente entiende si no lo ha vivido. Nosotros no fuimos a buscar dinero; fueron cambios de vida que te enseñan todo. Todo lo que aprendes allí es valioso. Todo.

El viaje del inmigrante es algo que muy poca gente entiende si no lo ha vivido. Pero todo lo que aprendes allí es valioso. Todo.

El oficio de escribir: sin hábitos extraños y con el corazón

¿Cuál es el hábito más extraño que has desarrollado como escritora?

La verdad es que no tengo ninguno. Escribo cuando me apetece, sin rituales ni manías. Si acaso, necesito silencio. Pero como no tengo un hábito, tampoco puede ser extraño, ¿no?

Si tus bloqueos creativos tuvieran forma física, ¿qué aspecto tendrían?

Ahora mismo, una caja cerrada. O mejor dicho, un laberinto: voy de arriba para abajo, de izquierda a derecha, y no encuentro la salida.

Si tuvieras que elegir un objeto doméstico que representara tu estilo narrativo, ¿cuál elegirías?

Un grifo. Una ducha. Por ahí sale el agua y siempre es agua nueva, fresca. Igual que las ideas: fluyen cuando las dejas correr.

Si tu proceso de escritura fuera un videojuego, ¿qué niveles tendría y cuál sería la prueba final?

Yo no me pondría niveles. Mi único nivel es el tiempo. Y la prueba final sería lo último que publique antes de morirme. Eso, sin más, sería mi obra cumbre.

¿Qué habilidad completamente inútil has desarrollado gracias a tu carrera?

Ninguna, porque todo lo que he aprendido me ha servido. Hacer cursos de escritura en línea, por ejemplo, me ha ayudado a manejar mejor el ordenador. No hay nada inútil en este camino.

Entre delfines y lectores: los libros de su vida

¿Qué tres libros te llevarías a una isla desierta si supieras que serán traducidos e interpretados por delfines?

El primero, sin duda, Los pilares de la Tierra, de Ken Follett. Me imagino a los delfines disfrazados de curas medievales y me muero de risa. El segundo sería Brandán, la novela de Luisa Chico, porque me pega muchísimo y creo que los delfines le harían justicia. Y el tercero, El regalo, de Eloy Moreno. Me encantó, es muy alegre. Tres libros completamente distintos, pero así soy yo.

Me imagino a los delfines disfrazados de curas medievales interpretando Los pilares de la Tierra. Los pobres acabarían locos

¿Qué personaje literario famoso sería el peor compañero de piso para ti?

Ken Follett, el propio autor. Me da la sensación de que es muy «espeso», aunque reconozco que es un escritor extraordinario. Creo que vivir con él sería demasiado intenso.

Un libro abierto llamado Pili

¿Qué capítulo de tu vida omitirías si fueras la protagonista de una novela?

Ninguno. Me he pasado la vida contando mi historia, a todo el mundo. No tengo nada oculto que tapar. Soy un libro abierto, nunca mejor dicho.

¿Qué personaje histórico sería el peor crítico de tu obra?

Mi padre. Para mí es historia viva. Nunca llegó a verme publicar, ni a escuchar mis poemas. Pero sé que habría sido un buen crítico. Y creo que, si pudiera hablarme ahora mismo, me diría simplemente que siguiera escribiendo.

Si tus personajes organizaran una fiesta sorpresa para ti, ¿cómo sería?

¡No puede ser un desastre! Tiene que ser una alegría. Una fiesta sorpresa no puede salir mal. Eso lo tengo muy claro.

¿Qué consejo darías a los escritores si tuvieras que hablar como un personaje de telenovela?

Que sean libres de pensamiento. Que sean buena gente. Que escriban con el corazón, que transmitan, y que siempre piensen en el lector: en que quien los lea entienda lo que quieren decir. Eso es lo fundamental. Que llegue, que llegue a la gente.

Escriban con el corazón y piensen siempre en el lector. Que lo que transmitan llegue de verdad.

Si tus lectores formaran un culto basado en tu obra, ¿qué rituales realizarían?

Ningún culto. No quiero que veneren nada externo. Que se cultiven a ellos mismos, que se enriquezcan por dentro. Eso es lo mejor que pueden hacer.

Samantha, la bruja que arreglaría el mundo

Para cerrar: si fueras un personaje de tira cómica, ¿cómo te llamarías y cuál sería tu superpoder?

Me llamaría Samantha, como la de Embrujada. Me encantaría ser bruja y mover la nariz para que todo se coloque solo. Llegar a casa, mover la nariz y tener la cocina recogida. Pero más allá de eso, si tuviera ese poder, lo usaría para convertir a todos los que están haciendo de este mundo algo tan complicado en algo insignificante —un gusanito, una hormiga— y mandarlos a otro planeta. Porque el mundo que tenemos ahí fuera está demasiado complicado.

Pili se despide con la misma energía con la que llegó. Sin filtros, sin poses. Como ella misma dice, es un libro abierto. Y los libros abiertos son los que más merecen la pena leer.

Si te ha gustado la entrevista y quieres leer la anterior pincha este enlace: https://www.actecanarias.es/es/node/2195

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