
Cuando la palabra se convierte en familia
Por Vidal Bolaños
No es fácil escribir una introducción para unos textos que hablan de uno mismo. Mucho menos cuando nacieron sin que yo lo supiera y llegaron en forma de regalo de cumpleaños. “Ocho miradas. Historias que nos unen” no fue un libro que yo coordinara, ni un ejercicio que propusiera en el taller, ni una tarea que esperara recibir. Fue justamente lo contrario: durante unas páginas me tocó sentarme al otro lado, callar y dejar que fueran quienes comparten conmigo el Taller de Escritura y la Tertulia “El Norte” quienes tomaran la palabra.
Cuando comenzaron estos encuentros, la idea era mucho más sencilla que cualquier gran proyecto: crear un lugar donde escribir no diera miedo y donde hablar tampoco. Un espacio en el que una página en blanco pudiera ser una oportunidad y no un examen; donde nadie tuviera que demostrar nada; donde se pudiera llegar con una historia, una duda, una herida, una ocurrencia o simplemente con ganas de escuchar. Con el tiempo, el taller y la tertulia han terminado siendo eso y bastante más.
Cada encuentro confirma algo en lo que creo profundamente: la escritura no pertenece solo a quienes publican libros. La palabra es de quien necesita contar, recordar, imaginar, ordenar el mundo o mirarse por dentro. A veces una persona llega diciendo que no sabe escribir y, unas semanas después, descubre que llevaba media vida haciéndolo en silencio. Otras veces lo importante no es el texto final, sino atreverse a leerlo en voz alta y comprobar que, al otro lado, alguien escucha sin juzgar.
En “El Norte” convivimos con estilos, edades, experiencias y maneras de entender la vida diferentes. Y esa diferencia es precisamente una de sus mayores riquezas. No buscamos que todas las voces suenen igual. Buscamos que cada una encuentre la suya. Que la tertulia permita debatir, compartir y aprender; que el taller abra puertas a la imaginación; y que ambas cosas nos recuerden que la cultura también se construye alrededor de una mesa, con un bolígrafo, una conversación y tiempo para los demás.
Por eso, cuando recibí este libro, entendí que el verdadero regalo no estaba solo en que hubieran escrito sobre mí. Estaba en comprobar lo que había nacido entre nosotros. Ocho miradas, ocho formas de contar y una misma voluntad de regalar palabras. Encontré humor, memoria, afecto, fantasía, agradecimiento y también esa capacidad que tiene la escritura para decir lo que a veces cuesta pronunciar frente a frente.
Confieso que leerlo me removió. Quien coordina un taller suele estar pendiente de las propuestas, de los textos de los demás, de que nadie se quede atrás, de provocar preguntas y de acompañar procesos. No suele detenerse a pensar qué huella está dejando el propio espacio. Ellos me obligaron a hacerlo. Y quizá esa sea una de las lecciones más bonitas que me ha dado este camino: uno puede enseñar una técnica, proponer un ejercicio o recomendar una lectura, pero hay aprendizajes que solo aparecen cuando se construye confianza.
Esta entrega de mi sección en ACTE Canarias es, por tanto, diferente. No quiero ocuparla yo solo. Quiero ceder la página a quienes hicieron posible “Ocho miradas” y compartir los textos que me regalaron. Porque también forman parte de la historia del Taller de Escritura y de la Tertulia “El Norte”. Porque muestran, mejor que cualquier explicación mía, que un taller literario puede convertirse en un punto de encuentro, en una pequeña comunidad y, a veces, en una familia elegida alrededor de las palabras.
A quienes escribieron estas páginas solo puedo decirles gracias. Gracias por confiar, por participar, por discutir, por leer, por escuchar, por reír, por emocionarse y por seguir llegando con ganas de escribir la siguiente historia. Yo seguiré intentando hacer lo mismo que desde el primer día: abrir la puerta, poner una propuesta sobre la mesa y recordar que aquí cada voz tiene un lugar.
Lo que viene a continuación es suyo. Y quizá esa sea la mejor manera de celebrar lo que estamos construyendo: dejando que hablen las palabras.
OCHO MIRADAS
Historias que nos unen
Un regalo para Vidal · Julio 2026
Hay regalos que se compran.
Y hay otros que solo pueden escribirse.
Este libro reúne ocho miradas diferentes sobre una misma persona. Ocho voces, ocho estilos y ocho maneras de agradecer a alguien que, a través de las palabras, ha ido uniendo vidas.
Feliz cumpleaños, Vidal.
VIDA
VIDA PARA CREER.
VIDA PARA AVANZAR.
VIDA PARA VOLAR.
VIDA PARA CREAR.
VIDA PARA CRECER.
VIDA PARA DORMIR.
VIDA PARA INTENTAR.
VIDA PARA VOLAR.
VIDA PARA CALMAR.
VIDA PARA SOLTAR.
VIDA PARA FRACASAR.
VIDA PARA TRIUNFAR.
VIDA PARA ABANDONAR.
VIDA PARA GOZAR.
VIDA PARA INTENTAR.
VIDA PARA DAR.
VIDA PARA DISFRUTAR.
VIDA PARA AMAR.
VIDA PARA REÍR.
VIDA PARA LLORAR.
VIDA PARA SOLTAR.
VIDA PARA SANAR.
VIDA PARA SALTAR.
VIDA PARA CORRER.
VIDA PARA DESPERTAR.
VIDA PARA COMER.
VIDA PARA VOMITAR.
VIDA PARA INTENTAR.
VIDA PARA AVANZAR.
VIDA PARA PARAR.
VIDA PARA ABRAZAR.
VIDA PARA BESAR.
VIDA PARA SEMBRAR.
VIDA PARA CULTIVAR.
VIDA PARA RECOGER.
VIDA PARA TOLERAR.
VIDA PARA DESPEGAR.
VIDA PARA BRINDAR.
VIDA PARA APAPACHAR (MIMAR, ACARICIAR).
VIDA PARA ESCUCHAR.
VIDA PARA DESCANSAR.
VIDA PARA SUFRIR.
VIDA PARA SOÑAR.
VIDA PARA CANTAR.
VIDA PARA BAILAR.
VIDA PARA ACTUAR.
VIDA PARA ESCRIBIR.
VIDA-L, ESTAS CUATRO LETRAS LO TIENEN TODO.
GRACIAS POR SER Y ESTAR. BENDICIONES, AMIGO.
ESCRIBIR, SENTIR
Un día, mi hijo me habló de una tertulia literaria.
Yo, intrigada, asistí. Llegué el primer día con muchos nervios, sin saber muy bien lo que iba a encontrar. Allí, desde el primer momento, me sentí aceptada, oída, libre y creativa.
El participar en esas tertulias me ha hecho contactar con otras personas maravillosas, con quienes compartimos inquietudes comunes y otras originales, lo que nos hace crecer como personas, compartiendo y debatiendo en sintonía.
Por otra parte, el taller de escritura es como un juego en el que abrazo a mi niña, curioseo con mi fantasía y relato mis historias, contadas desde un mundo especial, sincero y único, en el que me siento un ser original y, al mismo tiempo, integrada en un grupo de iguales que respeta y aprende de la diferencia del otro, y que avanza paso a paso por la aventura de escribir.
Gracias, Vidal, porque este mundo me ha hecho sentir y expresar desde el corazón, encontrando una ilusión que los avatares de la vida me habían robado.
Te encontré en un punto de mi vida en el que no veía la luz y, poco a poco, he ido encontrando el rayito de luz y esperanza para volver a tomar mi camino. Un camino compartido por personas totalmente diferentes, pero con una ilusión común: expresarse, comunicarse y contarse a través de la palabra escrita.
Gracias por estimular la tinta de mi boli y por dejarme ver dentro del corazón y compartir mi pasión (que alguno cree que es algo poco importante), pero que para mí es la expresión de mi ser.
Con tu dinamismo, constancia y buen hacer mueves corazones a caminar por el sendero de la vida.
Gracias por darme la oportunidad de hacerme sentir parte de una familia, para compartir parte del camino y dejarme ser quien soy, y redescubrir mis alas con las que poder volar.
Gracias infinitas.
ÉRASE UN ESCRITOR A SU PLUMA PEGADO
Érase un escritor a su pluma pegado,
érase una invención superlativa,
érase una palabra siempre viva,
érase un arte al genio dedicado.
Era un telar de historias bien forjado,
érase una destreza reflexiva,
érase la pasión que el alma aviva,
era un genio en la gloria consagrado.
Érase un faro guía en la frontera,
érase un escrito bien erudito,
la cumbre que el talento estableciera.
Érase un estilísimo infinito,
muchísimo autor, la pluma tan fiera
que en la mano de Homero fuera un hito.
EN UN SIN PARAR
En un sin parar, cual correcaminos, él... Vidal... con su atuendo, marcando distinto.
Original a cada paso, ya no solo por sus palabras, que encuentran el momento perfecto para que tomes conciencia.
Él es Vidal... quien siempre está, en las buenas y en las no tan buenas. Un amigo de los de verdad, cuya sinceridad y lealtad superan toda barrera.
Me has enseñado tanto que no lo puedo expresar en palabras, aunque quisiera.
Orgullosa de tu capacidad para reinventarte, para crear, para ver más allá del problema y encontrar soluciones mágicas, puedo decir con claridad y verdad.
Te mereces lo mejor hoy, ahora y siempre.
LOS GRISES
Hay ciudades donde la gente desaparece. En esta no. Aquí la gente seguía caminando, trabajando y con sus rutinas. Todo aparentemente normal, pero de vez en cuando sucedía algo extraño. Alguien empezaba a perder el color. No ocurría de golpe. Primero se apagaban los ojos, después la voz perdía fuerza y volumen y finalmente, la piel adquiría un tono cenizo imposible de explicar.
Los médicos no encontraban enfermedad alguna.
Los científicos no descubrieron ninguna explicación para ese suceso.
Los filósofos hablaban del peso de la rutina.
Nadie conseguía una respuesta.
Solo una persona parecía capaz de entenderlo y encontrar una solución a los grises.
“José Vidal”
Nunca llevaba prisa y nadie sabía exactamente a qué se dedicaba. Algunos juraban haberlo visto cuidando a personas. Otros aseguraban que lo habían escuchado en la radio, otros decían que habían leído sus libros, y otros que era un revolucionario que quería mejorar las cosas.
Pero Vidal sabía que aquellas personas habían olvidado quiénes eran. No su nombre. Eso seguían recordándolo. Olvidaban qué les hacía sonreír, qué sueño habían abandonado, cuándo dejaron de creer en sí mismos.
Cuando Vidal encontraba a un gris, simplemente se sentaba a su lado. Hablaban durante un rato. Vidal se preocupaba por su infancia, por sus sueños que alguien había guardado en un cajón, por las veces que el miedo había hablado más alto que la ilusión.
Escuchaba con una atención extraña, como si cada palabra fuera una pieza de un rompecabezas invisible.
Y, cuando por fin encontraba la última pieza, pronunciaba una única frase. Nunca era la misma.
Porque nunca había dos personas iguales. Les decía frases como:
—No has dejado de ser quien eras. Solo has dejado de mirarte.
—Si todavía eres capaz de imaginarlo, es porque una parte de ti sabe que puedes lograrlo.
—El mundo no necesita que seas otra persona. Necesita que vuelvas a ser tú.
Entonces ocurría.
El gris comenzaba a resquebrajarse como una fina capa de ceniza.
Los colores regresaban despacio, primero a la mirada, luego a la voz y, finalmente, al alma.
No entendían que ocurría. Solo sabían que, al despedirse, sentían el extraño impulso de empezar algo que llevaban años posponiendo.
Escribir.
Viajar.
Pedir perdón.
Llamar a alguien.
Volver a pintar.
Volver a vivir.
Vidal sonreía al contemplar cómo el color regresaba y continuaba su camino. Nunca esperaba agradecimientos. Le bastaba con saber que, desde aquel instante, otra persona recuperaba el color.
Aquella tarde, después de despedirse de un hombre cuyo gris acababa de romperse en mil colores, Vidal encontró una pequeña llave sobre el banco donde había estado sentado.
Colgando de ella había una etiqueta de papel con una dirección. Sin un nombre. Sin ninguna explicación.
Durante unos segundos pensó que alguien la habría olvidado allí.
Sin embargo, al darle la vuelta, descubrió una única frase escrita con una caligrafía elegante.
"Hay puertas que solo puede abrir quien ha dedicado su vida a abrírselas a otras personas."
Decidió dirigirse hacia ese lugar. Al llegar vio que era un edificio antiguo, escondido entre calles que Vidal había recorrido cientos de veces sin recordar haberlo visto jamás. Y al mirar la parte baja del edificio, había un local con cortinas blancas que no dejaban ver su interior, y en la puerta una pequeña inscripción.
"Para quien devuelve los colores."
La llave giró sin hacer ruido. Al cruzar la puerta descubrió una sala con una extraña exposición.
Miles de retratos cubrían las paredes.
Todas y cada una de las personas que había ayudado.
Y una única frase escrita al pie de cada retrato. Esa que había pronunciado él mismo y les había devuelto la ilusión.
Vidal recorrió la sala lentamente mientras observaba y leía en voz alta las inscripciones que fue reconociendo:
--"El mundo no necesita una copia de nadie. Necesita la versión más verdadera de ti."
--"Todavía estás a tiempo."
--"Tú puedes con lo que te propongas"
-- "Eres más fuerte de lo que crees"
Pero al llegar al final, lo que de lejos parecía un retrato, era simplemente un espejo. Se acercó y debajo, una última frase grabada.
"Hay quienes pasan la vida recordando a los demás el brillo que llevan dentro. Lo extraordinario es que casi nunca llegan a comprender la grandeza de sus actos o el alma tan luminosa que poseen"
Por primera vez en mucho tiempo, Vidal sonrió al verse a sí mismo. Siempre sonreía por los demás. Esta vez no. Esta vez sonreía porque se veía a él. Se sintió orgulloso. Se sintió pleno.
Él había influido en la vida de muchas personas de una manera muy bonita y por fin lo veía.
De Carolina para ti con mucho amor.
Algunos escriben historias para que el mundo no olvide. Otros pasan por el mundo haciendo que los demás recuerden que también tenían una historia que contar. Tú haces las dos.
Millones de gracias por ser como eres, por estar cuando se te necesita y por ver lo mejor de cada persona. Gracias a esas cualidades estoy cumpliendo un sueño precioso, porque has conseguido que crea en mí misma. Te quiero un mundo.
RECUERDOS DE LA INFANCIA
Él era un niño inquieto, curioso y muy inteligente. Le gustaba explorar y descubrir nuevos mundos llenos de aventuras.
Su madre era una mujer buena, amigable y muy cariñosa, con la que era fácil tener una bella conexión. Era muy cercana y amable.
Vidal y su madre visitaban mi casa algunos domingos. Él era un niño. Venían a merendar y a pasar bellos momentos jugando en mi casa.
Pasaron los años y su madre murió. Mientras Vidal iba creciendo, recordando el amor de su madre, se volvió un niño tímido, serio y solitario, quizás por su pasado y por la muerte de su madre, que lo transformó. Y mientras Vidal iba creciendo, yo lo miraba desde lejos, recordando a aquel niño cuando jugaba en mi casa con una sonrisa en sus labios.
Pasaron los años y no supe nada más de él, hasta que el destino, o su madre, quién sabe, nos volvió a reunir.
Ahora Vidal era un escritor, un hombre con talento que desarrolla su creatividad compartiéndola con los demás, enseñando y mostrando el gran talento que, con los años, cultivó.
Después de escribir varias antologías, se dedicó a escribir sus propios libros. Estando él en un estand con sus libros, me interesé por uno de ellos, Enredados en píxeles. Él me miró y yo lo miré, y nos volvimos a reencontrar.
Ahora era todo un hombre, muy conocido y apreciado por sus diferentes trabajos. Impartía clases de escritura y tertulias, donde comencé a escribir relatos siguiendo las propuestas que él planteaba a los alumnos.
Descubrir su bella labor como escritor me hizo pensar que su madre seguro estaba entre nosotros. Desde el cielo miraba a su hijo con amor y mucho orgullo, viendo en lo que se convirtió. Ver a su niño pequeño, cómo creció y aprendió a volar por sí solo.
Yo, como amiga de su madre, siento una profunda admiración.
Este es Vidal, un hombre que se merece todo lo mejor.
LLEGÓ A MI VIDA POR CASUALIDAD
Llegó a mi vida por casualidad y, desde entonces, no ha dejado de mejorarla, de ayudarme y de ver en mí cualidades que ni yo veía.
Es maestro, experto en el arte de la palabra: bondadoso, dulce y cariñoso.
Soñador y visionario, lleno de valores y motivaciones.
Amigo fiel, lleno de talentos que comparte con todo el mundo.
Vidal es amor. Es la reconstrucción de su propio dolor, de sus pedazos que lo han convertido en un hombre majestuoso, como el ave fénix, pero sin perder su esencia única: esa humildad que lo caracteriza.
Feliz cumpleaños.
CONECTAR
Hay personas que simplemente escriben historias y otras que, sin saberlo, terminan escribiendo las de quienes las rodean. Tú eres una de ellas.
Conectas palabras hasta convertirlas en puentes. Conectas ideas hasta hacerlas caminar juntas. Conectas proyectos que parecían imposibles y los llenas de vida.
Conectas a través de las ondas de la radio, de las tablas de un escenario y de cada espacio que decides compartir.
Pero creo que tu mayor talento no es ese. Es conectar personas.
Lo que un día comenzó siendo un taller de escritura acabó transformándose, casi sin que nadie lo advirtiera, en una pequeña familia. Un lugar donde cada voz encontró un rincón, donde cada historia fue escuchada y donde muchos descubrimos que escribir también era una forma de encontrarnos.
Porque nos enseñaste que una palabra puede abrir una puerta, que una página en blanco puede convertirse en refugio y que, cuando alguien cree en nosotros, somos capaces de escribir historias que jamás imaginamos.
“Gracias por escribir historias que también cambian vidas.”
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