Nuestro compañero de Acte de Gran Canaria, Aurelio V. Lorenzo, ha expresado el sentir de la Asociación ante la pérdida de Yolanda Pérez Chico, hija de la fundadora y presidenta honorífica, Luisa Chico, con estas hermosas y sentidas palabras

Hoy, Yolanda ha nacido a la vida eterna. Y aunque las palabras parecen pequeñas para expresar la inmensidad de nuestro dolor, el corazón busca la manera de nombrar su ausencia, abrazar su recuerdo y encontrar, entre lágrimas, un hilo de esperanza al que aferrarse.

Yolanda era una mujer joven, con tantos caminos por recorrer, sueños por cumplir y abrazos por regalar. Sin embargo, la vida nos enfrenta, a veces, a despedidas que jamás hubiéramos querido vivir, a silencios que pesan más que las palabras y a preguntas para las que no encontramos respuesta. Su partida nos deja una herida difícil de comprender, porque cuesta aceptar que alguien con tanto por vivir haya tenido que marcharse demasiado pronto.

Pero Yoli no se marcha del todo. Hay ausencias que nos privan de una presencia, pero nunca podrán borrar el amor que sembró en nosotros. Quienes tuvieron la dicha de conocerla conservarán sus palabras, su sonrisa y tantos momentos compartidos que, con el tiempo, se convertirán en un regalo para el corazón.

Quizá, durante los próximos días, su ausencia duela especialmente en los pequeños detalles: una cama vacía, la fecha especial señalada en el calendario, el deseo de llamarla para contarle algo o el impulso de buscarla sabiendo que ya no podremos encontrarla como antes. Será entonces cuando comprendamos que despedirla no significa olvidarla, sino aprender a llevarla de otra manera, guardándola para siempre en nuestra historia y en lo más profundo de nuestras almas.

Hoy, el dolor nos invita a detenernos ante el misterio de la vida y de la muerte. Y, desde la fe, encontramos una luz que nos sostiene: la esperanza de que la muerte no sea el final, sino el comienzo de una vida que trasciende.

Queremos creer que ella ha cruzado el umbral de la eternidad y descansa ya en la paz de Dios, allí donde no existe el sufrimiento y donde el amor alcanza su plenitud. La imaginamos acogida por unos brazos eternos, envuelta en una luz que nunca se apaga y rodeada de la misericordia infinita del Padre.

A quienes hoy lloramos su partida, a quienes la amaron y sienten que con ella se llevan una parte de sus propias vidas, les queda el tesoro de todo lo vivido. Porque la muerte puede interrumpir una presencia y apagar una voz, pero nunca borrar la bondad entregada, los sentimientos compartidos ni el amor que ha echado raíces en el corazón de los demás.

Por eso, hoy pronunciamos tu nombre con toda la ternura que cabe en el corazón: Yolanda Pérez Chico.

No queremos que tu recuerdo quede unido únicamente a la tristeza de tu ausencia, sino también a la belleza de tu paso por este mundo, a la alegría de haberte conocido y al privilegio de haber compartido contigo una parte del camino. Queremos recordarte con amor y gratitud, conservando viva esa huella imborrable que el tiempo jamás podrá borrar.

Que el cielo te reciba y que Dios te conceda el descanso eterno. Que a quienes hoy lloran tu partida les regale fortaleza para atravesar este tiempo de dolor, serenidad para aceptar lo que ahora resulta incomprensible y consuelo para seguir adelante con la esperanza del reencuentro.

Que, con el paso del tiempo, las lágrimas den paso a recuerdos agradecidos y, que la tristeza de no tenerte se transforme poco a poco en la dicha de haberte tenido, y que cada recuerdo tuyo sea una manera de sentirte cerca.

Hoy has nacido a la vida etern. Aquí nos quedan tus recuerdos, el amor que compartiste y la huella hermosa que has dejado en nuestras vidas. Te despedimos con el corazón roto, pero también con gratitud por todo lo que significaste y, aunque con lágrimas en los ojos, siempre estaremos con la esperanza de la fe inquebrantable.

Descansa en paz, querida Yoli. Que Dios te acoja en su luz eterna y que esa luz siga brillando en cada corazón que tuvo la dicha de conocerte y amarte.

Hasta que volvamos a encontrarnos, vivirás en nuestros recuerdos, en nuestras oraciones y en ese lugar del alma donde permanecen para siempre las personas que jamás dejaremos de amar.