Daniel María tiende un puente entre la palabra y la imagen en el VI Encuentro Regional ACTE Canarias 2026

La conferencia “Fotograma a fotograma, letra a letra”, celebrada el 26 de septiembre dentro del VI Encuentro Regional ACTE Canarias 2026, propuso un recorrido por las relaciones de ida y vuelta entre la literatura y el cine, desde las primeras adaptaciones cinematográficas hasta la influencia de la gran pantalla en escritores y creadores.

El VI Encuentro Regional ACTE Canarias 2026 volvió a convertir la palabra en punto de encuentro durante la jornada del 26 de septiembre. En esta ocasión, el escritor y creador Daniel María ofreció la conferencia “Fotograma a fotograma, letra a letra”, una propuesta centrada en explorar hasta qué punto literatura y cine han caminado juntas, se han transformado mutuamente y han construido, durante más de un siglo, un diálogo constante entre páginas y pantallas.

La intervención partió de una idea especialmente sugerente: cine y literatura no deben entenderse como lenguajes enfrentados, sino como territorios creativos que se alimentan entre sí.

Para introducir esa relación, Daniel María recuperó dos miradas muy significativas. Por un lado, la experiencia del escritor Carlos Fuentes, quien relató cómo el descubrimiento de Ciudadano Kane cuando apenas tenía diez años contribuyó decisivamente a despertar en él la vocación novelística. Por otro, la reflexión de Pere Gimferrer sobre la adaptación cinematográfica, entendida no como una mera traducción literal de un relato escrito a imágenes, sino como la capacidad de capturar el espíritu profundo de una obra.

A partir de ahí comenzó un viaje en dos direcciones: del libro al cine y del cine nuevamente al libro.

Cuando el cine encontró sus primeras historias en la literatura

Uno de los primeros nombres en aparecer durante la conferencia fue el de Julio Verne.

Daniel María recordó que el nacimiento del cine coincidió con la necesidad de encontrar historias capaces de alimentar aquel nuevo lenguaje visual. Y pocas imaginaciones resultaban tan adecuadas como la del escritor francés.

La célebre Viaje a la Luna, realizada por Georges Méliès en 1902, fue presentada como una hibridación libre entre De la Tierra a la Luna, de Verne, y Los primeros hombres en la Luna, de H. G. Wells. Aquella combinación entre literatura fantástica, tecnología y experimentación cinematográfica permitió también ensayar algunos de los primeros efectos especiales de la historia del cine.

La literatura no fue, por tanto, únicamente una cantera de argumentos. También proporcionó al nuevo medio imágenes, imaginarios y posibilidades que el cinematógrafo comenzaba a transformar mediante sus propias herramientas narrativas.

Otro de los grandes ejemplos abordados fue Lo que el viento se llevó.

La adaptación de la novela de Margaret Mitchell, estrenada en 1939, sirvió para mostrar una de las cuestiones más complejas de cualquier adaptación: seleccionar qué permanece y qué debe desaparecer cuando una obra extensa se transforma en película.

El productor David O. Selznick había adquirido los derechos de la novela antes incluso de que alcanzara la enorme repercusión posterior, y el guion pasó por numerosas manos en el intento de condensar más de mil páginas en un metraje asumible. Daniel María utilizó este caso para recordar que adaptar significa muchas veces saber “podar”: elegir, reducir y reorganizar sin perder aquello que da identidad a la obra original.

La conferencia dejó igualmente espacio para algunas historias menos conocidas de la relación entre industria cinematográfica y literatura.

Entre ellas apareció El país del delfín verde, de Elizabeth Goudge. Daniel María explicó cómo la Metro-Goldwyn-Mayer llegó a crear el MGM Annual Novel Award, un concurso destinado a localizar manuscritos todavía inéditos cuyos derechos cinematográficos quedaban vinculados al premio.

Goudge ganó aquel certamen en 1944 y su novela acabaría llegando al cine en 1947. El episodio permitió comprender que Hollywood no se limitaba a adaptar libros que ya habían triunfado: en determinados momentos llegó incluso a buscar y estimular la creación literaria para asegurarse futuras historias cinematográficas.

Del cine al libro: la novelización como proceso creativo

Pero el viaje entre ambos lenguajes no funciona únicamente en una dirección.

Uno de los apartados más interesantes de la conferencia estuvo dedicado a la novelización, es decir, al proceso mediante el cual una historia concebida inicialmente para el cine se transforma posteriormente en literatura.

Daniel María destacó que este trabajo va mucho más allá de convertir un guion en prosa. El escritor debe reconstruir pensamientos, emociones y motivaciones internas que en la pantalla quizá apenas aparecen insinuadas mediante una mirada, un gesto o unos pocos minutos de metraje.

La figura de Leonore Fleischer sirvió como ejemplo de ese oficio. Con más de cuarenta adaptaciones realizadas a partir de películas y guiones —entre ellas Rain Man, Fame o The Rose—, su trabajo ejemplifica la complejidad de dar dimensión literaria a personajes que originalmente habían sido concebidos para existir en imágenes y movimiento.

De esta manera, la conferencia rompió también una percepción habitual: la literatura no siempre está en el origen y el cine en el destino. En muchas ocasiones el recorrido puede producirse justamente al contrario.

Escritores que encontraron en el cine otra forma de mirar

Daniel María dedicó también parte de su intervención a aquellos escritores y pensadores para quienes el cine se convirtió en objeto de reflexión, fascinación o inspiración.

Entre ellos apareció Azorín, quien reconoció en el cinematógrafo un lenguaje autónomo capaz de expresar la modernidad y el paso del tiempo de una manera diferente a la novela tradicional.

También Terenci Moix, para quien el cine clásico constituyó prácticamente una educación sentimental. Hollywood, sus estrellas y sus mitologías atravesaron una parte significativa de su producción literaria y memorialística.

Y junto a ellos, María Zambrano, cuya mirada filosófica abordó la relación entre la imagen cinematográfica, el sueño y la revelación. La sala oscura podía convertirse, desde esa perspectiva, en un espacio semejante a la caverna platónica: un lugar donde las sombras proyectadas terminan revelando determinadas verdades poéticas.

La conferencia mostró así que el cine no solo adapta escritores: también modifica la manera en la que los escritores observan el mundo.

Cineastas y actores que también escribieron

El recorrido cambió nuevamente de dirección cuando Daniel María se detuvo en creadores vinculados principalmente al mundo audiovisual que desarrollaron, al mismo tiempo, una importante relación con la literatura.

Una de esas figuras fue Ana Diosdado, actriz, directora, guionista y novelista. Finalista del Premio Planeta con apenas 26 años, transitó con naturalidad entre la narrativa, el teatro y la televisión, demostrando que las fronteras entre disciplinas pueden ser mucho más permeables de lo que acostumbramos a imaginar.

También apareció Emma Cohen, actriz, directora de cortometrajes y autora de novelas de carácter experimental, cuya trayectoria estuvo estrechamente vinculada tanto al audiovisual como a la creación literaria. Junto a Fernando Fernán Gómez construyó, además, una de las asociaciones artísticas más representativas del panorama cultural español.

El recorrido se amplió todavía más con nombres procedentes del Hollywood clásico.

Katharine Hepburn, además de convertirse en una de las actrices más reconocidas del siglo XX, dejó por escrito sus memorias y experiencias de rodaje, mientras que Shirley MacLaine desarrolló durante décadas una extensa producción bibliográfica paralela a su carrera cinematográfica.

Estos ejemplos reforzaron una de las ideas que atravesó toda la conferencia: las personas creadoras no necesariamente pertenecen a un único lenguaje. Una historia puede comenzar en un escenario, continuar en una novela, convertirse en película y regresar posteriormente a la palabra escrita.

Un puente canario entre literatura y cine

El tramo final de la conferencia llevó la reflexión directamente hasta Canarias.

Daniel María escogió para ello un ejemplo especialmente cercano: la relación entre la novela Nos dejaron el muerto, publicada en 1984 por el escritor grancanario Víctor Ramírez, y la película La caja, dirigida en 2006 por Juan Carlos Falcón.

La obra literaria, profundamente vinculada a la identidad y al lenguaje canario, sirvió como punto de partida para una película que trasladó a la pantalla parte de esa idiosincrasia, su humor y su particular manera de observar la sociedad isleña.

El ejemplo permitió cerrar el recorrido regresando al territorio propio y demostrando que el diálogo entre literatura y cine también forma parte de la historia cultural de Canarias.

Porque una historia puede escribirse con tinta o construirse con luz. Puede nacer entre páginas y acabar proyectándose sobre una pantalla, o surgir detrás de una cámara y encontrar posteriormente una segunda vida en un libro.

La conferencia de Daniel María dejó precisamente esa sensación: entre un fotograma y una palabra existe mucha menos distancia de la que aparentemente podemos imaginar.

En el fondo, ambas disciplinas comparten un mismo impulso: contar historias, construir personajes, despertar emociones y permitir que durante unos minutos —o durante unas páginas— alguien pueda entrar en otra vida, otro tiempo y otro mundo.

“Fotograma a fotograma, letra a letra” se convirtió así en una mirada a más de un siglo de encuentros entre dos lenguajes que nunca han dejado de observarse, influirse y reinventarse mutuamente.